He visto Invictus de Clint Eastwood. Me ha gustado, aunque algunos la están sobrevalorando. El interés de la película radica en su dimensión política. La historia de Sudáfrica me fascina.
Pero más allá de Mandela, el racismo y la transición a la democracia tras el Apartheid, no cuenta nada. Los personajes no tienen apenas historia, el deporte es un decorado. Contrasta con Un domingo cualquiera de Oliver Stone, donde lo que importa son las historias personales y el fútbol americano (en el caso de Invictus es rugby). Al final, a los Springboks sudafricanos los animas desde la grada (junto a Mandela) y a los Miami Sharks desde el banquillo (junto a D'Amato). Dos ángulos de visión muy distintos.
La película retrata hechos reales y épicos. Un equipo de blancos, en el contexto de la transición del Apartheid a la democracia plena, representando a toda Sudáfrica y fervientemente apoyados por su flamante presidente negro, Nelson Mandela. No me gusta que se politice el deporte, pero el caso de Sudáfrica presentaba entonces circunstancias excepcionales y la decisión de Mandela de volcarse a favor de los Springboks y utilizarlos para unir a negros y blancos detrás de una causa común y, a la postre, de una misma bandera, no solo es magistral, sino valiente y encomiable. ¿Alguien imagina a un Mugabe haciendo algo así? No es que la Sudáfrica actual, con elevados niveles de violencia, sea el paradigma de la convivencia multicultural, pero aquella transición podría haber evolucionado a algo mucho peor.