El Daily Express informa que la Ley Antitabaco inglesa podría extenderse a los jardines y patios exteriores de restaurantes y pubs, a raíz de un estudio canadiense que sugiere que las partículas del tabaco concentradas en el ambiente pueden perjudicar a los trabajadores. (El tabaco en el Reino Unido ya está prohibido en todos los espacio públicos interiores, sin excepción). Soy escéptico respecto a la conclusión de este estudio, pero en cualquier caso corresponde al trabajador y al empleador negociar los términos del contrato, y si el primero no quiere verse expuesto al humo del tabaco es muy libre de rechazar el empleo. Si, por el contrario, considera que el riesgo es aceptable (quizás el salario u otras ventajas lo compensan) no hay nada que objetar. A la hora de rechazar o aceptar un empleo siempre contraponemos ventajas y desventajas: si nos queda cerca o lejos de casa, si el ambiente de trabajo es bueno o irritante, si el jefe es agradable o insoportable, si el horario se adecúa a lo que buscamos etc. Esto sin considerar los trabajos riesgosos o fatigosos que son perfectamente legales. Desde un punto de vista paternalista debería prohibirse el trabajo en la mina o hacerse bombero, policía, esquiador o piloto de coches de carrera.
En Nueva York, el comisario de salud Thomas Farley quiere prohibir el tabaco en los parques y las playas de la ciudad, y el alcalde Bloomberg no ha desautorizado la propuesta. De hecho ha declarado que habría que estudiar si el humo del tabaco tiene efectos perjudiciales sobre la salud de los fumadores pasivos en el parque, algo que como dice Simon Clark en Taking Liberties es casi imposible de llevar a cabo de forma rigurosa (habría que comparar un grupo de personas totalmente aisladas del humo y la contaminación, también de los coches, con un grupo de personas expuestas ocasionalmente al humo del tabaco). En caso de que fuera posible, pasarían años o generaciones antes de tener resultados concluyentes. Pero seguro que no tardan tanto en aprobar la prohibición.
Cheryl Healton, presidente de la American Legacy Foundation, una organización para la prevención del tabaquismo, ha declarado a propósito de la iniciativa:
“There is no redeeming value in smoking at beaches or parks,” she said in a statement. “Anyone who has sat behind someone smoking a stogie can tell you that.”
A lo que Clark responde muy apropiadamente:
Perhaps I'm missing something. Has Charyl Healton lost the use of her legs or is she just too lazy to get up and move? Alternatively, if she finds it that unpleasant, she could have a polite word and ask them to move, although it begs the question why she is sitting so close to someone in a large open space. Either way, we don't need yet another law to regulate our behaviour.
Mi opinión coincide con la de la organización británica pro-fumadores Forest, que ni considera que los fumadores tengan el derecho a encender el cigarrillo donde les plazca, ni que los no-fumadores tengan derecho a imponer sus preferencias a todos. La solución: un mercado con una oferta diversa.