En mi último artículo para Libertad Digital hablo de la verdadera tolerancia (la que requiere esfuerzo y contención), a propósito del velo de Najwa y un interesante comentario de Robin Hanson.
La gente se cree muy tolerante. Se siente orgullosa de tener amigos homosexuales o ateos, sentarse junto a un negro en el autobús, tener una pareja que lleva un piercing. Está bien ser así de tolerante, pero no tiene mucho mérito cuando se trata de respetar comportamientos que hemos integrado en nuestro estilo de vida o no nos molestan en absoluto.
La tolerancia de verdad se demuestra respetando comportamientos que realmente nos disgustan o repugnan, por chocar con nuestras intuiciones sobre lo que es una conducta recta. La poligamia, la poliandria, la prostitución, las orgías, el sadomasoquismo, porno infantil creado digitalmente, la promiscuidad, la negación del Holocausto, las ideas racistas, el insulto, los símbolos franquistas, la quema de banderas, la venta y el consumo de drogas, el nudismo, el suicidio y la eutanasia, fumar, comer grasa saturada, la barra libre y el happy hour, la violencia en el cine, los toros, la caza y la pesca, mofarse de Mahoma en unas viñetas, negar el cambio climático, gastarse 150 euros en una cena, contratar una madre de alquiler, pagar a un donante de riñón, trabajar para un hedge fund, cobrar un bonus de 2 millones, apostar, educar en casa, ser miembro de una secta, mendigar, hacer streaptease en un escaparate de Preciados, enseñar diseño inteligente, ser un hombre-anuncio, llevar burka, hacer topless en la playa, cubrirse con un velo. No pretendo equipararlas, sólo son ejemplos de actividades sin víctimas que unos u otros quieren prohibir porque les desagradan o repugnan. A priori ninguna de ellas interfiere en la libertad de nadie. Los que claman por castigarlas suelen aludir al vicio y a la depravación moral, no a las víctimas y a la pérdida de libertad. Si se refirieran al daño causado quizás la prohibición tuviera a veces algún mérito, pero que sea ésa la razón, no la excusa.
Hanson advierte que el futuro pondrá a prueba nuestra capacidad de tolerar la diferencia, y que más vale que nos vayamos entrenando con las pequeñas variaciones actuales si el día de mañana queremos convivir y prosperar en lugar de pelearnos. En el campo de la eugenesia, la nanotecnología o la inteligencia artificial pueden darse desarrollos insólitos. Algunas posibilidades dan miedo. La realidad virtual, drogas que alteran la mente o el alargamiento de la vida permitirán un abanico más amplio de comportamientos exóticos. Pero también es cierto, aunque Hanson no parezca apreciarlo, que cada vez somos más tolerantes. Lo que antes requería esfuerzo en tolerar, ahora lo aceptamos como algo normal. ¿No vamos en la dirección de una mayor tolerancia?
Leedlo entero.
Alex Tabarrok también ha escrito un excelente comentario en Marginal Revolution, On Tolerance, ahondando en mi matización a Hanson: