Estoy de acuerdo con Fonseca (también aquí) en que Jiménez Losantos no debería querellarse contra de El Jueves por su broma de mal gusto sobre el atentado que sufrió a manos de Terra Lliure. Losantos ha criticado duramente a todos los que han interpuesto demanda contra él por lesión del derecho al honor (porque Losantos no se corta un pelo) y no me parece coherente que ahora haga lo mismo contra quienes utilizan el atentado para mofarse de él.
Algunos comentaristas señalan que en este caso la cuestión no es la vulneración del "derecho al honor" sino la mofa de su condición de víctima del terrorismo, que es un delito tipificado por el código penal. El artículo 578 dice (énfasis mío): "El enaltecimiento o la justificación por cualquier medio de expresión pública o difusión de los delitos comprendidos en los artículos 571 a 577 de este Código o de quienes hayan participado en su ejecución, o la realización de actos que entrañen descrédito, menosprecio o humillación de las víctimas de los delitos terroristas o de sus familiares se castigará con la pena de prisión de uno a dos años."
No obstante, la naturaleza de este delito es la misma que la del derecho al honor, cuyas ofensas más graves (las injurias y las calumnias) también regula el Código Penal. En otras palabras, aunque el Código Penal dedique un artículo distinto a este delito y no haga mención al "honor" de la víctima, está claro que alude al mismo concepto cuando dice "descrédito, menosprecio o humillación" de la persona. Para quienes el derecho al honor es incompatible con la libertad de expresión, también debería serlo el "descrédito, menosprecio o humillación" de alguien por su condición de víctima del terrorismo.
Los legalistas que defienden la querella alegan que mofarse de la condición de víctima del terrorismo está prohibido por la ley y eso basta, pero a menudo no se muestran igual de conformistas cuando alguien se querella contra Losantos por atentar contra su honor dentro de la legalidad, siendo el honor un derecho de la personalidad reconocido por la Constitución y del que uno puede protegerse legalmente por la vía civil. Si está bien para Losantos utilizar los medios que la ley pone a su disposición para reprimir a quienes intentan ofenderle, ¿por qué no es aceptable que alguien que se siente gravemente ofendido por Losantos haga lo mismo?
El hecho de poner el énfasis en la causa de la humillación o lesión al honor me parece desencaminado. ¿Quién decide qué causa debe estar criminalizada y cuáles no? El honor, el descrédito, menosprecio o la humillación hacen referencia, desde una perspectiva personal, a la autoestima. Una persona puede sentirse humillada o lesionada en su honor por las causas más variadas, y la gravedad de esa humillación o lesión del honor no puede objetivizarse pues es de origen puramente subjetivo. Que el código penal priorice la condición de víctima del terrorismo no significa que una persona no pueda sentirse más ofendida por una causa distinta. Dicho de otra forma, la gravedad de una humillación no depende, en rigor, del contenido de la burla sino de cómo afecta subjetivamente esa burla. Puede que la mofa de El Jueves sea de más mal gusto que cualquiera de las invectivas que ha proferido Losantos contra terceros, pero eso no quita que quienes han sido objeto de las burlas de Losantos puedan haberse sentido tan o más humillados que él.
En mi libro dedico un capítulo (pdf) a criticar el derecho al honor, concluyendo que es incompatible con los derechos individuales. Los tribunales, por otra parte, no son la única ni la mejor vía para enfrentarse a un ataque contra el honor. Losantos tiene su micrófono, que tiene más alcance y puede ser tan punzante como las páginas de El Jueves. Por parte de los seguidores de Losantos o simplemente de aquellos que consideran detestable la broma de El Jueves está el recurso del boicot, que ataca a la revista allí donde más duele: las ventas. Por el contrario, querellas como la de Losantos es probable que no hagan sino aumentar la popularidad de El Jueves. No sería de extrañar que esa sea la finalidad última de este tipo de provocaciones.