Contundente editorial de Libertad Digital criticando la existencia de RTVE en el contexto del cambio en el modelo de financiación. Yo lo diría en otras palabras, pero el sentimiento es básicamente el mismo.
La supresión de la publicidad en los canales de Televisión Española y su financiación a través del erario público y de dos nuevos impuestos, uno que pagarán las televisiones privadas y otro sufragado por todos los usuarios del teléfono o de Internet, es un abuso intolerable que merece la reacción inmediata y rotunda de la sociedad civil y la oposición.
Con una deuda que sobrepasa el billón de las antiguas pesetas, RTVE es un gigantesco esqueleto pestilente y carcomido por la politización, los enchufes y el nepotismo que gobiernan esa casa y un puñado de estudios y productoras que viven exclusivamente de la vampirización del presupuesto de la Corporación. Además, en la actualidad no existe ningún contenido ofrecido por RTVE que no esté disponible en los operadores privados, siempre a un coste menor y con frecuencia de calidad muy superior.
En estas condiciones, no hay ninguna razón que explique la pervivencia de RTVE y sus imitaciones regionales salvo el afán de los políticos por diseñar unos servicios informativos a su medida y recompensar mediante contratos y subvenciones a quienes prostituyen su poco o mucho talento al servicio de una causa partidaria.
El cambio en el modelo de financiación, sin embargo, tiene una ventaja indirecta: el coste de la televisión pública va a ser más visible. La financiación por publicidad ocultaba el verdadero coste de RTVE, manifestándose en forma de competencia desleal. Ahora que sus costes se financiarán vía impuestos y tasas estará bajo un escrutinio más riguroso y, esperemos, motivará más oposición y llamadas al recorte de su prespuesto o a la definitiva privatización. Gonzalo Martín sugería esta idea en sus reflexiones sobre las implicaciones de este cambio de modelo de financiación:
Ahora se financiará con impuestos y tasas impuestas a operadores privados y de telecomunicaciones. Las apuesta es cuándo empezará la batalla para reducir esas aportaciones y por reducir los impuestos que consume. La sociedad en red, las comunicaciones abiertas, van a someter a todavía más presión la funcionalidad, interés y necesidad de la televisión publica. En un mundo donde todos somos autores, donde hasta las voces más pequeñas van a tener su señal de vídeo, las justificaciones de servicios mastodónticos dedicados a informar y atender minorías en manos gubernamentales sólo pueden estar haciendo oposiciones a su dilución. Lo mastodóntico también afecta a lo privado, pero es más flexible. La crisis de los tradicionales, que empiezan su reconversión, terminará afectando a RTVE en su modelo organizativo.