CLD tiene dudas sobre la liberalización de las drogas. Su primera objeción, relativa al crimen que genera el prohibicionismo, ya la ha contestado Valín.
Yo quiero centrarme en otro punto. A CLD le parece “una premisa de carácter fáctico altamente dudoso” que drogas como la cocaína o la heroína puedan consumirse de forma controlada o con moderación.
Ahora bien, ¿realmente existe un uso adecuado de esas sustancias? Creo que es una burda simplificación comparar la cocaína o la heroína con el vino, la cerveza o el tabaco. Las primeras se administran por vías fisiológicas que inciden directamente sobre el sistema nervioso, sin intermediación de los sentidos, mientras que los segundos son inconcebibles sin sus notables cualidades organolépticas, por mucho que en su composición se hallen ingredientes de naturaleza más o menos perniciosa. La mayoría de personas consumimos algunos de estos productos por esas cualidades de gran raigambre cultural, no porque padezcamos ningún tipo de toxicomanía.
Primero, me he perdido en la frase sobre “la intermediación de los sentidos”. ¿Quiere decir simplemente que el vino pasa por nuestras papilas gustativas mientras que las otras drogas duras no lo hacen? En fin, puede que sea una diferencia, lo que no entiendo es por qué es una diferencia relevante. Por las mismas también podría decir que el alcohol es líquido y la cocaína es en polvo. Es otra diferencia, pero irrelevante.
Segundo, la mayoría de personas consumen alcohol por su efecto. Quizás, además, por su gusto, pero eso no excluye lo primero. No estoy deciendo que lo hagan para emborracharse, muchos solo buscan un poco de “alegría”, perder la timidez etc. Lo del “gran raigambre cultural” queda muy bien pero no se corresponde con la realidad que yo conozco, y dudo que la que conoce CLD sea muy distinta.
Tercero, es simplemente falso que todas las personas que consumen drogas duras padezcan toxicomanía o adicción. Este es un mito que al Estado le interesa mucho propagar y que parece estar muy extendido. Es lógico que el Estado no quiera reconocer que la mayoría de consumidores de drogas no son adictos y llevan vidas completamente normales, esos matices entorpecerían su campaña prohibicionista/paternalista. Al fin y al cabo esto es la guerra contra las drogas, y en tiempos de guerra vale todo, especialmente distribuir propaganda.
En el libro Saying Yes. In Defense of Drug Use, Jacob Sullum aporta datos sobre la adicción y desarrolla con detalle la casi perfecta analogía entre el consumo de alcohol y el consumo de las demás drogas (comentaré este instructivo libro en otra ocasión). De la misma forma que la mayoría de consumidores de alcohol no son adictos, la mayoría de consumidores de drogas, incluídas las drogas más duras, tampoco lo son. Seguro que a CLD no le parecería razonable que prohibieran el alcohol aduciendo que hay personas (una minoría, además) que se vuelven adictas (dejemos a un lado que la prohibición tampoco fuera a tener el efecto deseado). Si estuviera prohibido no podría apreciar sus “cualidades organolépticas”. Pues bien, el consumo moderado de cocaína, heroína, cannabis etc. es también posible, y es de hecho el más corriente.
Cuarto, las drogas duras matan. Pero el alcohol también mata, y el tabaco ha matado a mucha más gente que cualquier otra droga. Los adictos al alcohol y al tabaco son numerosos. Me gustaría saber si CLD propone prohibir el alcohol y el tabaco porque pueden “degradar a quienes los consumen”. Si su respuesta es “no, por qué muchas otras personas no están adictas o no sufren esas malas consecuencias”, lo mismo cabe decir de las otras drogas.
Quinto, CLD tiene una vena paternalista que en ocasiones (como vimos con el tema del suicidio asistido) desplaza sus instintos liberales. Por ejemplo, al final de su entrada pregunta:
¿Debe el Estado adoptar una posición de relativismo extremo y permitir la comercialización de productos que degradan con pavorosa facilidad a quien los consume, a cambio de proporcionarle meras sensaciones de euforia?
Me gustaría saber si CLD admite que su postura en este tema concreto es puramente paternalista (esto es, favorable a utilizar la violencia para proteger a alguien de sí mismo). En principio, yo creo que ésta es una descripción aséptica de su posicionamiento, pero hay personas que se sienten ofendidas cuando las empujas a admitir tal cosa.
Acabo con un disclaimer: yo no consumo drogas, ni siquiera con moderación, ni invito a nadie a hacerlo. Pero eso no significa que me crea los mitos que el Estado propaga sobre las consecuencias de su consumo.