Singapur, uno de los países más prósperos y con mayor grado de libertad económica del mundo, es popularmente considerado una dictadura o autocracia. Tras visitar el país y estudiar su sistema político Bryan Caplan disputó esta acusación señalando que hay una variedad de partidos legales en la oposición que compiten con el partido dominante (People's Action Party) en elecciones libres, regulares y no corruptas (según Transparencia Internacional, Singapur es el cuarto país menos corrupto del mundo, y consigue excelentes resultados en los indicadores de Governance Matters del Banco Mundial). La democracia singapurense tiene ciertas peculiaridades, pero es una democracia al fin y al cabo. Lo que sucede es que siempre gana el mismo partido por mayoría abrumadora (82 de 84 escaños en el parlamento). ¿Es un resultado sospechoso?
No lo es, dice Caplan, si pensamos en Singapur como "ciudad-estado" y no como "Estado". Singapur es una ciudad, y hay numerosos ejemplos de ciudades o regiones que no han cambiado de partido gobernante en décadas. Caplan menciona San Francisco, en España podríamos citar Barcelona o Andalucía. ¿Es la alternancia en el gobierno un requisito democrático? ¿Acaso no son democráticas las instituciones de estas ciudades y regiones?
Para sorpresa de Caplan, el ministro de justicia singapurense K. Shanmugam ha citado sus argumentos (y a él mismo) para defender las credenciales democráticas de Singapur en una conferencia internacional en Nueva York.
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