Después de enumerar las ventajas de la liberalización de las drogas, Adrián Ravier destaca la problemática de los menores:
La legalización de las drogas implica una nueva legislación en la que cada "mayor de edad" debe ser responsable de las consecuencias de ingerir estas sustancias pero, al mismo tiempo, continúa la prohibición de las drogas para "menores de edad".
De ser así, ¿no habría lugar entonces para que el mercado negro y el narcotráfico continuaran? Es cierto que el narcotráfico internacional se vería reducido, porque las drogas ya estarían disponibles para los mayores en las farmacias o en los negocios particulares. Pero, ¿qué evitaría que surjan mafias –y estas generaran similares consecuencias a las actuales– cuyo objetivo fuera el de hacer llegar las sustancias a los menores de edad en las escuelas y colegios? ¿Qué evitaría que se contraten niños o adolecentes para comercializar las drogas en estos lugares (considerando que a ellos no aplican las sanciones pertinentes)?
No hace falta especular habiendo productos en la misma situación (legales para los adultos, prohibidos para los menores), como el alcohol, el tabaco, los medicamentos o la pornografía.
Tomemos el alcohol y el tabaco, drogas legales para adultos. ¿Hay mafias de alcohol y de tabaco dedicadas a satisfacer la demanda de los adolescentes? Sin duda hay adolescentes que se hacen con alcohol y cigarrillos trampeando las restricciones, pero no es una lacra social y, en cualquier caso, el fenómeno no es comparable al narcotráfico. No hay ningún Al Capone para menores.
Ravier parece obviar que las drogas ya están prohibidas hoy para los menores, luego la "prohibición para los menores" no sería un problema nuevo como él insinúa. Aunque es cierto que la legalización para los adultos podría elevar el consumo y la aceptación social, y ello podría repercutir en un aumento de la demanda por parte de los menores, lo que ejercería más presión sobre las restricciones que en la actualidad.
En todo caso, el que haya menores que consumen alcohol irresponsablemente, sin la tutela de los padres, es un motivo para buscar fórmulas que reduzcan esta incidencia (no hablo necesariamente de más regulación), pero no es un motivo para prohibir la venta de alcohol a todos, adultos y menores. No veo por qué tendría que ser distinto respecto al resto de drogas.





