La posición de la Iglesia sobre la distribución y uso de preservativos en África siempre me ha parecido bastante retrógrada. La he venido considerando parte del problema, no de la solución, siendo su postura muy influyente entre católicos y pudiendo contribuir su puritanismo doctrinario a la expansión del sida.
Barcepundit, en respuesta a unas declaraciones de Richard Dawkins en las que criticaba al Papa por ser una mala influencia, destacaba una objeción importante: si los africanos realmente siguieran los consejos del Vaticano lo que harían es practicar menos sexo, no practicar la promiscuidad sin preservativo. Al fin y al cabo el Vaticano defiende la abstinencia sin preservativo, no la promiscuidad sin preservativo. Si los africanos no cambian ese hábito significa que las palabras del Papa tienen menos influencia de la que le atribuyen.
Uno podría argüir que la influencia del Papa no es uniforme sobre todos los comportamientos: puede tener un efecto pequeño sobre los hábitos sexuales de los africanos, pero un efecto mayor sobre el uso del preservativo dado ese patrón sexual. Es más fácil persuadir a la gente de que use condón en sus relaciones sexuales que no que deje de tener tantas relaciones sexuales. Luego si consideramos los hábitos o comportamientos sexuales como algo dado, la posición del Vaticano contraria al uso del preservativo sí puede contribuir a la expansión del sida.
El problema es que no está claro que los hábitos o comportamientos sexuales sean independientes de la extensión del uso del preservativo y podamos considerarlos como algo dado, pues el uso de preservativo puede cambiar los incentivos a incurrir en ese tipo de comportamientos.
David Friedman pone el ejemplo de la seguridad de los automóviles y los accidentes de tráfico. Si la seguridad de los automóviles aumenta (cinturón de seguridad, airbags etc. que hacen menos probable la muerte de los ocupantes en caso de accidente) la conclusión intuitiva es que morirá menos gente en la carretera. Pero teóricamente está conclusión no se sigue: aumentar la seguridad de los vehículos reduce el coste de una conducción arriesgada (reduce el coste de conducir bebido, de no prestar atención a la carretera, de ir demasiado rápido etc.). En el margen, los conductores tienen más incentivos para incurrir en comportamientos riesgosos pues su coste es más bajo. Coches más seguros resultan en menos muertos por accidente, pero pueden producir más accidentes que antes. Desde la teoría no cabe decir qué efecto es el más pronunciado o si se cancelan mutuamente. (Friedman recomienda este artículo de Sam Peltzman, que expuso la idea en los 60 y ofreció evidencia empírica en relación con un conjunto de medidas de seguridad aplicadas en aquella época).
Algo similar puede ocurrir con el uso del preservativo. La práctica sexual con preservativo reduce el riesgo de infección, pero la reducción del riesgo de infección puede incentivar la práctica de sexo riesgoso. Edward Green, Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Escuela de Salud Pública de Harvard, lo explicaba en el Washington Post en relación con el caso africano: "In theory, condom promotions ought to work everywhere. And intuitively, some condom use ought to be better than no use. But that's not what the research in Africa shows. Why not? One reason is "risk compensation." That is, when people think they're made safe by using condoms at least some of the time, they actually engage in riskier sex."
Otro factor a tener en cuenta es que el uso del condón en parejas regulares no es tan frecuente, porque señaliza falta de confianza. Como en África una proporción alta de la población tiene más de una pareja sexual durante algún período del año, el solapamiento de estas relaciones regulares sin protección es la principal fuente de infección. En otros países donde la fuente principal de transmisión del sida es la prostitución, como en Camboya o Malasia, la universalización del uso del preservativo en los burdeles sí ha reducido el alcance de la epidemia. Pero en África la evidencia empírica no muestra que la extensión del preservativo haya tenido un efecto positivo.
Daniel Rodríguez enlazaba con un artículo en Iglesia Digital sobre el papel del Vaticano en la lucha contra el sida, que entre otras cosas mencionaba una correlación entre el catolicismo de los países y la proporción de infecciones. Este otro artículo en LifeSiteNews.com aporta más datos (aunque no hay ninguna referencia a una correlación media y el autor puede haber sido selectivo a la hora de escoger los ejemplos).
En definitiva: después de todo no está claro que la influencia del Papa en el tema del sida sea contra-producente. Sus críticos, por lo menos, todavía no lo han demostrado.