A propósito del boicot violento de un grupo de hooligans independentistas a la conferencia de Rosa Díez en la UAB, enlazo varios artículos aparecidos en la prensa. No necesariamente suscribo todo lo que dicen, pero creo que son opiniones a tener en cuenta si uno quiere formarse un juicio sobre el nacionalismo catalán a partir de incidentes como el ocurrido.
Francesc-Marc Álvaro, en La Vanguardia:
Es notorio que estoy en las antípodas de lo que piensa y propaga la máxima dirigente del partido UPyD, pero no me permito trampas con las reglas básicas del juego democrático. Díez puede y debe exponer sus ideas con libertad, también aquellas que incluyen falacias sobre la realidad social catalana. Ello debe ser así siempre, incluso sabiendo que no existe nada parecido a una mínima simetría; quiero decir que sería extraño que un dirigente independentista pudiera explicar tranquilamente sus argumentos en universidades de Madrid u otras ciudades españolas. Por otro lado, los boicoteadores de Díez han dado de Catalunya y del independentismo una imagen pésima, manchada de intolerancia. Por eso son rematadamente estúpidos, porque se creen héroes cuando sólo marcan goles en propia puerta. Y la estupidez no suma. Además, han regalado a Díez un ejemplo perfecto para ilustrar sus tesis engañosas.
Para los puros e iluminados (del independentismo catalán, del españolismo, del socialismo, o de lo que sea), todo aquel que no encaje en su reducido esquema debe ser insultado y proscrito. Hace unos días, estos mismos totalitarios que pululan por la UAB intentaron impedir una charla del ex lehendakari Ibarretxe, demasiado pactista para su gusto. Por suerte, Catalunya no se reduce a estos cuatro "guardianes de la revolución", que dicen hablar en nombre "del poble català". El miércoles por la noche, el programa de TV3 Banda ampla nos mostró a unos universitarios muy diferentes, debatiendo sobre la independencia de Catalunya con tranquilidad, inteligencia y respeto. Fue un ejercicio democrático de pulcritud ejemplar. Es con estos jóvenes –y no con los que impiden hablar al adversario– que vamos a construir un país más libre, más respetado y con más oportunidades para todos.
Jordi Cabré, en El Punt (en catalán):
L'independentisme té tarats, té freaks, té animals i té imbècils. No es tracta de moderar sempre les formes, ni tampoc els continguts, ni de deixar que cap discurs trampós se surti amb la seva: però els independentistes que consumaven aquests fets ahir a la UAB semblaven, més que res, espanyolistes disfressats. Agents de l'enemic. Molt més feixistes que la convidada. Senglars. Escòria. Gent que fa por.
Evidentment que estic parlant de la imatge: després, el dia a dia de la Universitat pot ser en efecte molt avorrit i qualsevol càrrega èpica pot ser benvinguda. Entenc que una colla se senti provocada o vulgui sentir-se provocada per la conferència de Rosa Díez, i s'engresqui preparant trinxeres i propinant agressions físiques i verbals. Entenc que tota colla de joves vol viure algun moment de pel·lícula i que, justament en el context de la UAB, hi ha una certa tradició resistencialista o protestaire o d'oposició activa a les forces imperials. Però parlo d'imatge, i parlo de conseqüències, i la imatge i les conseqüències que es produeixen a l'independentisme són absolutament nefastes. Letals. Com ho són tantes i tantes actituds de poc nivell que ajuden a associar nacionalisme amb comportament nazi. Moltes gràcies, xavals. Suposo que voleu una felicitació. O que espereu el premi Nobel.
Ens equivoquem quan juguem a una divisió tan baixa, quan tallem els ous dels toros Osborne i quan cremem retrats i fins i tot quan prohibim els toros: no és Catalunya un país de limitacions, de barreres i d'intolerància. La llibertat de Catalunya es basa sempre en la llibertat en general, per damunt de tot, i és en els contextos liberals en els quals la nostra consciència nacional es desenvolupa amb major força. La llibertat ens farà lliures, i per tant el respecte, i per tant les formes civilitzades. Evidentment que és divertit xiular el rei, i que tot el que està passant indica un xoc identitari greu. I que és simptomàtic que avui les protestes a la UAB no siguin en favor de la igualtat de classes o en exaltació del Che, sinó en un clar enfrontament Catalunya-Espanya. Ens trobem davant d'un xoc. Sí, és una evidència. Però justament per això, com en qualsevol xoc de trens, com també en qualsevol corrida de braus, sobreviu qui conserva la serenitat. Burros.
Joan B. Culla en El País, pero en el contexto del dedo de Aznar y la conferencia del ex lehendakari Ibarretxe en Bellaterra:
Hace años, en efecto, que las autoridades académicas tiemblan cada vez que se anuncia la visita a una facultad de algún político. Si éste se halla situado en el lado derecho del espectro ideológico, el riesgo de incidentes se multiplica; pero figuras tan dispares como Felipe González, Jordi Pujol, Alberto Ruiz-Gallardón, Josep Piqué y, ayer mismo en Bellaterra, el ex lehendakari Juan José Ibarretxe, han sido objeto de boicoteos e insultos. Y lo peor, a mi juicio, es que esas violaciones flagrantes de la libertad de expresión no suelen concitar el repudio social y mediático que merecerían en otro contexto. Cuando los hechos suceden en un campus catalán, vasco o gallego, la opinión españolista los atribuye al natural intolerante de los separatistas, y la otra piensa que ciertos políticos andan provocando. Si quien promueve los incidentes es un grupo de extrema derecha, casi todo el mundo concluye que, con los fachas, ya se sabe... Y cuando, como en Oviedo la semana pasada, los boicoteadores invocan el ¡No a la guerra! y otros lemas presuntamente de izquierdas, ¡ah, entonces el progresismo les ríe las gracias y concluye que, después de todo, Aznar se lo tiene bien merecido!
Pues lo siento, pero discrepo, y no precisamente desde la afinidad o la simpatía hacia el ex líder del PP. Las responsabilidades políticas de José María Aznar fueron juzgadas por el cuerpo electoral en marzo de 2004, sin otra apelación posible que los futuros libros de historia. En todo caso, su polémica gestión gubernamental lo fue con plena legitimidad democrática y el apoyo de millones de votos. Y bien, ¿qué legitimidad, cuántos votos respaldan a las dos docenas de estudiantes "asamblearios" -un eufemismo para no admitir que sólo se representan a sí mismos- que el otro día, en la capital asturiana, lo llamaron "criminal de guerra", "asesino", "fascista", "nazi", "terrorista", etcétera? ¿Qué legitimidad tendrán los que, la próxima vez, profieran insultos contra Rodríguez Zapatero o Patxi López o...?
No puede ser que la presencia de un político en la Universidad tenga que guardarse en secreto hasta la víspera, para minimizar riesgos. No puede ser que los alborotadores queden impunes, porque, al parecer, el despliegue de policía uniformada en los campus viola un tabú sacrosanto. No puede ser que ínfimas minorías radicalizadas decidan quién puede hablar en paz y quién no en unas aulas que son de todos. Si, como sociedad, no somos capaces de convenir en eso, negro futuro nos aguarda.





