A veces sí, dice Ramón Mateo Escobar:
Supongamos tres personas (A,B,C) que invierten en bolsa íntegramente su salario. El salario de los tres es el mismo, pongamos 1.000 euros mensuales. En base únicamente a la habilidad financiera de cada uno, sus carteras les proporcionan rentabilidades del 8, 12 y 17 por ciento, respectivamente. Cada uno obtiene así 1.080, 1.120 y 1.170, también respectivamente. Es decir, la ganancia total de los tres sería de 370 euros. Podemos ver fácilmente que si, por ejemplo, le quitamos a A 100 euros de su salario y se lo damos a C, la nueva ganancia total sería de 379 euros, es decir, se habría producido un incremento de 9 euros sobre el total. La nueva situación sería eficiente con respecto a la anterior. El resultado, por tanto, no es neutro.
Dos problemas con este planteamiento:
- En su ejemplo Ramón está maximizando la cantidad de dinero, no la utilidad de los tres individuos. ¿Es la definición de "eficiencia" que utiliza Ramón independiente de la satisfacción de los fines de los individuos? ¿Aumenta la eficiencia en la economía si desposeemos (o ejecutamos) a todos los pobres y damos su dinero a personas más productivas? Si, en cambio, la eficiencia es la relación entre el uso de los recursos disponibles y la maximización de la utilidad (o la satisfacción de fines) de todos los individuos en una sociedad, el ejemplo de Ramón no muestra un aumento neto de eficiencia, pues C se ha visto beneficiado y A perjudicado (y no hay forma de agregar utilidades porque son de carácter ordinal, no cardinal). Una mayor eficiencia se conseguiría si A, después de haber ahorrado para hacerse con un bien de capital, aumentara su productividad, o B descubriera una nueva forma de satisfacer un deseo de C y le ofreciera ese servicio. En estos casos alguien sale beneficiado y nadie sale perjudicado, luego sí puede hablarse de un uso más eficiente de los recursos.
- La redistribución distorsiona los incentivos de los partícipes. El ejemplo de Ramón supone que A y C seguirán comportándose igual en un escenario con redistribución, pero esa expectativa no es razonable. A tendrá incentivos para trabajar menos (pues una parte de lo que produzca no será para él), y C también tendrá incentivos para ser menos productivo (pues recibe un subsidio que es independiente de su esfuerzo). Cuánto más fuerte es la redistribución más se aprecia esta distorsión.
Tangencialmente relacionado con este debate, recomiendo leer esta entrada de Bryan Caplan sobre su recién concebido Consumer Satisfaction Standard, a mitad de camino de la preferencia demostrada y el standard de la felicidad.
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