Roger Senserrich considera que la propuesta de reforma del mercado laboral del Gobierno es una oportunidad perdida, pero su alternativa me sigue chirriando. Copio (énfasis mío):
Es la flexibilidad, es el coste del despido. Los sindicatos se desgañitarán diciendo que de media los trabajadores cobran 22 días por año al perder al trabajo, pero la media es irrelevante; la inmensa mayoría de trabajos perdidos no son indefinidos. La reforma que necesitamos es abandonar el absurdo sistema de seguros de desempleo semiprivatizados (por que la indemnización actual es esto) y socializar estos costes aumentando la protección social, a cambio de crujir los que más tienen con impuestos para pagar el invento. Es la única reforma viable y efectiva que puede aprobar un gobierno de izquierdas, pero parece que Zapatero ha querido buscar excusas, retrasar el asunto unos cuantos meses más y renunciar a proponer un cambio ambicioso.
Mi crítica es la misma que mencioné en esta entrada, a saber:
Las propuestas que hablan de flexibilizar el mercado laboral sin reducir la protección social (o incluso aumentándola) me suenan a panacea electoralista dirigida a contentar a todo el mundo. La riqueza en la economía (o la asignación eficiente de recursos) es como el nivel de agua de una piscina: no puedes hacer que suba echándole un cazo por un extremo mientras se lo quitas por el otro. Puedes, eso sí, pretenderlo, empujándonos a mirar solo al que tira agua dentro. Si abaratas el despido, abaratas la contratación y permites que las empresas se adapten rápidamente a los cambios. Si combinas este aumento de la flexibilidad con un incremento proporcional de la protección social, no está claro que el balance para la sociedad sea positivo (ej. quizás los trabajadores se mueven más rápido, pero las familias pagan más impuestos).
En esta discusión con Senserrich hice alusión al modelo danés de flexiseguridad, que Senserrich y Citoyen han citado como ejemplo varias veces:
El modelo danés de flexiseguridad no es el que propones: no hay un fondo de compensación pagado por empresarios que financia indemnizaciones y subsidios de desempleo, estas prestaciones son financiadas vía impuestos generales y por tanto son sufragadas por las familias. En este caso los despidos sí son realmente gratis para los empresarios, antes y en el momento de producirse. Las ventajas para los empresarios son evidentes, pero de nuevo hay costes: las familias pagan la factura. Si, en el caso español, quieres mantener el mismo nivel de subsidios, indemnizaciones etc., las familias tendrían que soportar un aumento de los impuestos bastante notable. Las empresas y trabajadores salen ganando, las familias salen perdiendo (y puesto que trabajadores, empresarios y familias no son más que distintas facetas de las mismas personas, el balance neto es aún más difícil de estimar).





