En mi último artículo de opinión para Libertad Digital hablo de Avatar y su ideología de fondo.
En Brussels Journal opinan que los personajes blancos son caracterizados como brutales, codiciosos e insensibles. Destruyen el medio ambiente y otras culturas por motivos lucrativos. Los únicos "blancos buenos" son los que rechazan su propia civilización y se unen a los nativos, desprendiéndose literalmente de su identidad humana. Ross Douthat en el New York Times considera que Avatar es una apología del panteísmo y critica su idealización de la vida salvaje. John Podhoretz en el Weekley Stardard la califica de canto a la derrota de las tropas americanas en Irak y Afganistán. El presidente boliviano Evo Morales elogia su mensaje anti-capitalista y la defensa que hace de la naturaleza.La lectura anti-occidental o anti-capitalista es razonable. Es quizás la más común, pero no tanto porque el trasfondo de la película sea inequívocamente progre como porque el espectador lo juzga a la luz de sus propias concepciones progres y el marco cultural progre imperante. En otro contexto, partiendo de otras ideas, la película puede tener una lectura liberal. No en vano el film ha sido prohibido por la dictadura china, temerosa de que pueda instigar protestas y promover movimientos de autodeterminación. Según el Wall Street Journal, por ejemplo, el público chino veía en Avatar una defensa de los derechos de propiedad, no una historia racial.
En cualquier caso, no suelo hacer lecturas ideológicas cuando voy al cine, o las relajo o incluso adapto el mensaje a mi propia visión. De lo contrario no disfrutaría películas tan sublimes como Wall Street o JFK de Oliver Stone. Si tuviera que estar enjuiciando bajo un prisma liberal todo cuanto me rodea (y ya lo hago bastante) creo que viviría un poco amargado.





