Hasta ayer se estimaba que –contra todas las apariencias en las distintas especies de mamíferos– el resto de los animales no desarrollaba la empatía necesaria para ponerse en el lugar del otro. El gran mérito de Frans de Waal ha sido demostrar, más allá de cualquier duda, que la mayoría de los mamíferos eran tan capaces de sentir empatía como nosotros mismos; y, desde luego, mucho más que los psicópatas, que no pueden sentir el dolor ajeno. Hay escenas conmovedoras de elefantes adultos intentando salvar a uno mucho más joven de las aguas turbulentas y el lodo asfixiante de un río en el que apacentaban.
Ahora es innegable que los mamíferos no humanos son también sentimentales y que, por lo tanto, tendremos que dejar de hacerles daño innecesariamente tarde o temprano. Ahora no tenemos más remedio que aceptar que, con la excepción de determinados psicópatas, los homínidos que nos precedieron fueron capaces de situarse en el lugar del otro tanto como los de ahora, de empatizar con los demás si éstos sufrían. Lo que no sabemos es si siempre fue así ni si hay diferencias acusadas en la expresión de aquellas emociones básicas y universales entre nosotros y los pueblos primitivos.
En esta anotación sobre la "moral animal" tocaba el mismo tema y daba mi opnión sobre los derechos de los animales.





