Gabriel Calzada, presidente del Instituto Juan de Mariana, publica hoy un artículo en el suplemento Dinero de La Vanguardia sobre el cambio climático en el contexto de la cumbre de Copenhague y el Climategate: El fin del fin del mundo (requiere suscripción). Copio dos párrafos:
Las teorías alarmistas de Hansen, Mann y otros climatólogos como Phil Jones recibieron un diluvio de subvenciones con cargo al contribuyente para que continuaran investigando por esa línea. Y fueron esas investigaciones las que constituyeron la base sobre la que se levantó una torre de medidas de intervención sobre la economía y restricciones de las libertades individuales que cuestan muchos miles de millones de euros, deslocalizaciones masivas, ralentización del crecimiento de países ricos y pobres, distorsión de la estructura productiva e incremento del precio de la energía vía subvenciones masivas a las renovables, aún muy verdes para competir en el mercado sin ayudas de hasta el 500% del precio de mercado de la electricidad. El Gobierno español (primero el Popular y luego el Socialista), como otros gobiernos europeos, ha gastado decenas de miles de millones en cumplir con Kioto y las políticas que le han acompañado. Sin embargo, ni España (donde las emisiones han aumentado casi un 50%) ni casi ningún país va a cumplir con su compromiso. El protocolo por el cual los países europeos y un puñado de acompañantes han tratado de resolver el problema ha sido un fracaso monumental. Su coste está siendo astronómico y sus resultados cercanos a cero, se calcule como se calcule. En términos de reducción de las emisiones de CO los logros son ridículos mientras que en términos de reducción de temperaturas la influencia es imperceptible. (...)
En esto, alguien (posiblemente un arrepentido) ha difundido miles de correos y documentos del Climate Research Unit del Reino Unido, uno de los dos centros en torno a los que se concentran los teóricos del catastrofismo climático. En esos correos y en los códigos fuente de los programas cualquiera puede leer cómo la élite del alarmismo falseaba los datos, escondía las bajadas de temperaturas, destruía pruebas que podían servir para refutar sus teorías, conspiraban para impedir la publicación de artículos científicos contrarios a sus tesis, celebraban la muerte de críticos y escondían a la ciudadanía el creciente abismo entre sus predicciones y la realidad climática. Es el Climategate y gracias a él, de la noche a la mañana, la ciudadanía y una parte importante de los medios de comunicación han podido ver que el emperador está desnudo. La teoría catastrofista era una vestimenta bordada a base de mitos y fraudes a partir de hipótesis razonables.





