Non Sola Scripta sobre las paradojas lingüísticas de algunos liberales (y de la izquierda radical):
Cómo no asombrarse de que gente que se declara liberal, sin embargo, cuando se trata de las lenguas se muestra de un conservadurismo considerable. Se debe a la idea de que una lengua es algo más que un instrumento de comunicación, a que existe cierta relación sentimental. Es una idea que antes de la época del nacionalismo y las teorías lingüísticas de Humboldt no tenía predicamento alguno. La gente cambiaba de lengua sin mayor perturbación afectivo-sentimental. Es más, lo habitual en el mundo, hasta la entrada en el escenario de políticas basadas en el nacionalismo lingüístico, es que la gente se pasara a la lengua que, pensaban, más beneficios les reportaría o, al menos, que intentaran que lo hicieran sus hijos. Los galleguistas suelen contar, atribulados, cómo los padres que hablaban gallego entre ellos se pasaban al castellano para dirigirse a sus retoños, y reprendían a éstos cuando se deslizaban al gallego.
A poco que uno investiga, aprecia que "no han sido las leyes lingüísticas sino la economía, la liquidación de aduanas y fronteras, la movilidad humana, la revolución industrial, las necesidades de la nueva clase trabajadora, el muy notable desarrollo de las comunicaciones y transportes, así como la participación interregional en proyectos de política y comercio exteriores lo que ha cimentado la comunidad lingüística española" (J. R. Lodares en Lengua y Patria).
Pero si el liberalismo no prescribe ningún sentimiento en particular sino que los tolera todos, ¿dónde está la paradoja?
Hubo debate en este hilo.





