En mi último artículo para el Instituto Juan de Mariana contesto al argumento de la reciprocidad según el cual si en Arabia Saudita no permiten que vayamos con bermudas aquí debemos prohibirles el velo.
A propósito del referéndum suizo pidiendo la prohibición de alzar minaretes en las mezquitas vuelve a escucharse el argumento de la reciprocidad: "Si en Arabia Saudita no permiten construir una sinagoga libremente, o que las mujeres vayan sin velo, en Occidente deberíamos pagarles con la misma moneda, impidiendo que erijan su minarete o lleven velo". Cuando ellos toleren la libertad religiosa, prosigue el argumento, nosotros toleraremos la suya.
Nótese el fondo colectivista: "ellos" y "nosotros", confundiendo el Estado con la sociedad. Confundiendo, además, a la gente que emigra con el mismo Estado que dejan atrás. Como si todos los saudíes fueran responsables de lo que hace el Estado y no hubiera muchos, incluyendo una importante proporción de los que emigran, que en realidad son sus primeras víctimas. De hecho es razonable pensar que los musulmanes que emigran tienden a ser más pro-occidentales que los que se quedan. Una muestra de la incoherencia de no pocos occidentales: tan pronto defienden la "liberación" de Irak o Irán, arguyendo que el pueblo es víctima de un tirano, como apelan a la "reciprocidad" para restringir la libertad de los que emigran, tratándolos ahora de fundamentalistas. ¿En qué quedamos, son los musulmanes víctimas que merecen una liberación o son fundamentalistas que merecen ser reprimidos?





