Ángel Martín, en un artículo para el Instituto Juan de Mariana, hace un sensato llamamiento a no caricaturizar la escuela neoclásica desde posiciones austriacas. Motiva su comentario esta anécdota y la discusión posterior con Kantor.
Creo que el de Ángel es un correctivo necesario, que de hecho mencionaba en mi artículo sobre los siete pecados liberales. El séptimo, "dogmatismo", decía así (énfasis mío):
No todo empieza y acaba con La ética de la libertad. Rothbard es a menudo un punto de partida más que un punto de llegada. En el otro extremo, algunos quieren continuamente reinventar la rueda en lugar de hacer los deberes examinando lo que han escrito otros autores sobre un tema determinado. También hay vida más allá de la escuela austriaca, no toda la escuela neoclásica cae en el simplismo que a veces le atribuimos (aunque las malas lenguas dirán que eso es por las influencias austriacas...). El radicalismo, por lo demás, no es necesariamente una muestra de dogmatismo, puede ser el resultado de una exploración racional e informada. También se puede ser dogmáticamente anti-radical. En cualquier caso, el dogmatismo es un obstáculo en la búsqueda de la verdad y pone en duda nuestra honestidad intelectual.










