Citoyen responde a mi entrada sobre la enseñanza del creacionismo (que es una réplica a este otro post de Eduardo Robredo). Sus comentarios trascienden el tema concreto de la libertad de elegir en el ámbito educativo y merecen varias aclaraciones y réplicas.
La entrada es larga, aviso.
En primer lugar, Albert sugiere que los argumentos no deben ser “impuestos” sino que deben competir en el “mercado de las ideas”. Es algo gracioso porque ilustra bastante bien esa visión del mundo que tiende a creer que las cosas ocurren en el vacío histórico. Esto me lleva a hablar de Marx. Los libertarios, como Albert, creen que la propiedad privada está justificada por el hecho de la “apropiación originaria” dónde un individuo se apropia de algo que no es de nadie no haciendo violencia ni violando el derecho de nadie en absoluto. Lo cierto es que es algo que a Marx no le convenció en ningún momento. Al contrario, Marx señalaba que, lejos de haber sido originados por una pacífica apropiación originaria, la mayor parte de los derechos de propiedad obtenidos por la burguesía se habían logrado privando a la colectividad de bienes que antes eran considerados comunes, con la ayuda de la fuerza y la violencia del Estado, por supuesto.De su alusión al "vacío histórico" me ocupo luego, vamos primero con Marx y la "apropiación original".
1) El principio de homesteading o apropiación original de recursos externos en el estado de la naturaleza se sigue de la premisa de que el hombre es propietario de sí mismo (no esclavo de los demás) y que utilizar la violencia contra un individuo pacífico, que no ha interferido en tus planes, es injusto y conducente a la proliferación de conflictos. No es necesaria ninguna discusión bizantina para justificar la auto-propiedad si intuitivamente ya coincidimos en rechazar la esclavitud o inicio de la violencia contra una persona pacífica.
2) La "apropiación original", como su nombre indica, tiene sentido en un entorno virgen, en el estado de la naturaleza previo a la creación del orden social. La apropiación original es un principio ético que se aplica sobre los recursos externos no ocupados previamente, y por lo tanto en la actualidad (donde muchos, sino la mayoría, de recursos y bienes ya tienen titular) sirve de modelo o guía orientativa, pero no puede aplicarse de forma estricta. Plantearse qué principios éticos se justifican en el estado de la naturaleza es útil para aislar variables y focalizarse en las relaciones relevantes (igual que la "economía crusoeniana" tan empleada por los economistas austriacos para explicar conceptos básicos como la producción, intercambio, ahorro, capital etc.). Luego, a la luz de estos principios generales fundamentales pueden juzgarse escenarios más ricos y complejos.
3) Citoyen confunde el principio de la "apropiación original" con una descripción de la realidad. El liberalismo no sostiene que todos los títulos de propiedad actuales fueron apropiados justamente de acuerdo con ese principio, antes al contrario, admite que muchos títulos actuales son ilegítimos debido a expropiaciones, redistribución y privilegios estatales, y en puridad deberían reestablecerse a sus legítimos dueños. Nozick lo trata en Anarchy, State, And Utopia; Rothbard en La ética de la libertad. De nuevo el principio de apropiación original sirve de guía, y en los casos en que una expropiación previa no puede probarse fehacientemente o los descendientes no son identificables, la presunción de inocencia y la aplicación de aquel principio sugieren respetar el título actual, pues su tenedor es el que tiene una reclamación más razonable sobre el mismo. He tratado esta cuestión en un artículo: El statu quo de los títulos de propiedad. Otros autores liberales han argumentado que no puede asumirse que los títulos siempre redundan en los descendientes, remontándonos indefinidamente en el tiempo, pues ello supone asumir que ningún propietario habría enajenado el título eventualmente o legado la herencia a un tercero, y dado el dinamismo y movilidad en el mercado es una asunción poco razonable.
4) El juicio de Marx sobre los títulos de propiedad actuales deriva esencialmente de su errónea teoría del valor y la plusvalía. Con independencia de cómo obtuvieron los burgueses los medios de producción, Marx considera que el beneficio que producen es "explotación". Marx ha sido más que refutado a este respecto (desde Böhm-Bawerk por lo menos) y a estas alturas los intentos de redimirlo me parecen poco serios. Por supuesto, su errónea concepción económica también le lleva a interpretar incorrectamente cómo obtuvieron muchos burgueses su capital.
De forma análoga, yo argumentaría que las ideas tampoco ocurren en el vacío y no tiene demasiado sentido hablar de un “mercado de las ideas” como si se tratara de un sitio dónde la mayoría de la gente compra ideas igual que compra tomates. Lo cierto es que la cosmovisión religiosa, lejos de haber sido algo que haya surgido de forma espontánea, es algo que tiene un fuerte componente cultural y por tanto de “path dependence”, casualmente reforzado por el hecho de que el Estado ha perseguido durante siglos la disidencia. Lo que quiero decir con esto es que ese punto de vista basado en considerar que se debe llegar a una especie de compromiso es algo bastante nuevo y en absoluto neutro.
1) Yo no he dicho que el mercado de las ideas, o el mercado en general (véase mi explicación arriba), ocurra en un "vacío histórico". Es una implicación que Citoyen atribuye a mi comentario.
2) El mercado está lleno de "costes hundidos", y hay que construir sobre ellos. En el "mercado de las ideas" ocurre lo mismo.
Personalmente, creo que es una muy buena idea que una sociedad esté organizada alrededor de la idea de “libertad”. Es decir, me gusta la libertad como concepto jurídico rector, o como idea para organizar la arquitectura social. Lo que no me convence en absoluto es esa idea que tiende a considerar la libertad como algo sagrado de origen metafísico, en parte porque no creo que lo metafísico exista en absoluto. Llamaré a esta actitud “liberalismo filosófico” o liberalismo a secas, en lo que queda de artículo. Lo cierto es que lo que una persona decide hacer libremente es algo que es explicable y depende de cosas que él no ha elegido libremente, y eso es así si uno se toma en serio la ciencia y la búsqueda de la verdad- es decir, el determinismo es la hipotésis científicamente más verosímil si uno la compara con sus alternativas (el animismo en todas sus variantes), aunque lógicamente -¡como todo en ciencia!- no es más que una hipótesis. Por eso, una buena teoría filósofica debería tener algo que decir sobre esas cosas que determinan las elecciones- algo que el “liberalismo” no tiene. Con esto quiero decir, a la hora de elegir entre dos alternativas que hagan que una misma persona elija libremente una cosa u otra, un punto de vista liberal no podría tener nada que decir.
1) Hay muchos liberales a quienes tampoco convence la concepción "mefatísica" o "filosófica" de la libertad, y se adhieren a un liberalismo utilitarista (Mises), intuitivo (Caplan) o popperiano (Lester). Igualmente radicales en las conclusiones, pero sin fundamentos iusnaturalistas.
2) El liberalismo parte de la premisa de que los hombres tenemos "libre voluntad". Puede que sea una premisa errónea, pero como ya he argumentado otras veces (2), es una premisa inescapable, de la que los propios deterministas tampoco pueden deshacerse al actuar.
3) El liberalismo qua filosofía política se ocupa del uso legítimo de la violencia, o dicho de otros modo, las normas legales (ejecutables mediante la fuerza) que deben regir la sociedad. No es una teoría filsófica omnicomprensiva, sino muy limitada, y como tal compatible con otras teorías de otras ramas científicas sobre la psicología humana o el comportamiento colectivo. Un análisis crítico cabal de la economía del comportamiento también lleva a conclusiones básicamente liberales.
4) El liberalismo prescribe un marco de mínimos que da cabida a multitud de aproximaciones y soluciones. Esta es una concepción que los intervencionistas no han asimilado: el mercado no es "la solución", es un proceso o mecanismo en el que testar múltiples soluciones de forma descentralizada y competitiva. No es excluyente, solo excluye el uso de la violencia empleada para excluir otras iniciativas. Esta es una cuestión central en esta discusión, y un ejemplo claro de lo que apunto en este artículo: los intervencionistas buscáis imponer una solución concreta (en este caso, la enseñanza del creacionismo), mientras que los liberales buscamos un mecanismo de prueba y error, descentralizado, competitivo, que tienda a producir buenas soluciones, sin predeterminar cuáles son. En parte porque a menudo no sabemos cuáles son o quizás puede haber varias, en parte porque es la mejor manera de minimizar los conflictos cuando no existe consenso. No olvidemos, en este contexto, que para que este mecanismo de prueba y error funcione plenamente la educación debería ser privatizada y desregulada por completo (aquí una defensa de esta posición).
Lo cuál me lleva al tema del que trata Albert en el post. Por una acrobacia intelectual para mí incomprensible, los liberales en España- y por lo visto también por ahí fuera- defienden el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos. Digo incomprensible porque me parece igual de arbitrario desde el punto de vista liberal que lo elija el Estado, los padres o el fontanero de la casa- al fin y al cabo el que debería elegir es el niño, ¿qué fue de la ética de la no agresión?. Pero dejando eso a un lado, lo que me parece más preocupante es esa especie de idea que parece sugerir que el adoctrinamiento no existe y que el hecho de haber sido educado en una determinada idea no es algo que condiciona o determina la capacidad para acceder después a otra cosa. Hablando en plata, la idea de que mientras se tenga acceso a las ideas evolucionistas no importa si se enseña desde chiquititos el creacionismo porque serán capaces de “elegir libremente”. Como decía Luzbel en esta entrada según esta forma de pensar “somos lo que somos en un vacío ambiental, genético y evolutivo, en el cual decidimos. (…) [que es una visión que ] roza el chamanismo o el espiritismo.”
1) A Citoyen le parece una "acrobacia intelectual incomprensible" que los liberales defendamos que los padres elijan la educación de sus hijos, pues tienen tanto derecho como el Estado o el fontanero. "El que debería elegir es el niño". El problema es que el niño es, en tanto niño, dependiente de las decisiones de un tercero mientras no desarrolle la autonomía necesaria para tomar decisiones cabales por su cuenta. Su capacidad para consentir es precaria, razón por la cual mantener sexo "consentido" con un niño por debajo de la "edad de consentimiento" se considera un abuso sexual o violación, y por la que no se permite a los niños celebrar según qué contratos. Conforme el menor desarrolla autonomía, las limitaciones se relajan y eventualmente desaparecen. Es un proceso gradual. Me sorprende que algo así, tan de sentido común, haya que explicarlo.
2) Dado que alguien debe tomar las decisiones por el menor la pregunta es quién debe hacerlo. Debe primar el interés del menor, lo cual sugiere que el derecho a decidir sobre el menor corresponde a aquellas personas que, por su relación directa y sentimental con el menor, tienen más incentivos para mirar por su bienestar. La conclusión liberal es que esas personas son los padres, no el Estado, tampoco el fontanero. Para comprender mejor el argumento liberal recomiendo este artículo de Stephan Kinsella: How We Come to Own Ourselves.
3) Los niños dependen económicamente de sus padres y en este sentido es lógico que estos tengan una influencia y potestad sobre sus acciones hasta que se emancipen, pues dichas acciones tienen consecuencias sobre la familia. A menos que abandone el hogar desarrollada la suficiente autonomía, el menor tendrá que atenerse a las normas de la casa, que no es suya.
4) Presumo que Citoyen también piensa que, en general, corresponde a los padres decidir sobre cuestiones que afectan a sus hijos, no al Estado, tampoco al fontanero. Por tanto, la "acrobacia intelectual" la hace él al concluir que en el ámbito educativo la decisión no corresponde a los padres sino al Ministerio de Educación y sus burócratas.
5) Esa "especie de idea que parece sugerir que el adoctrinamiento no existe y que el hecho de haber sido educado en una determinada idea no es algo que condiciona o determina la capacidad para acceder después a otra cosa" no es mía. De nuevo Citoyen me atribuye algo que no he dicho. La educación influye y predispone (más que condiciona o determina, que lleva implícita una irreversibilidad demasiado fuerte) a la adquisición o resistencia a otras ideas.
6) Me parece un non-sequitur pasar de lo anterior a defender la prohibición de determinados contenidos u obligar a enseñar determinadas teorías científicas en contra de la voluntad de los padres, que dudan de su veracidad o creen en una explicación alternativa. Más allá de lo inadecuado del creacionismo, no estoy convencido de que su enseñanza influya o predisponga a los niños a actitudes o ideas que menoscabarán su desarrollo futuro. Como he dicho en mi entrada original, la extensión de las ideas creacionistas disputa esta asunción (a juzgar por las cifras, seguramente convivimos con muchos creacionistas sin saberlo, lo que sugiere que nos parecen tan normales como el resto). Al mismo tiempo, me parece muy peligroso conceder al Estado el poder de sancionar teorías científicas y decidir lo que los niños deben estudiar, pues el Estado obedece a incentivos políticos.
En el post y en los comentarios concretamente hay luego otros problemas. Por ejemplo, la falaz comparación que se hace entre las ideas científicas y las ideas religiosas como si enseñar unas u otras de forma obligatoria fueran dos formas de dogmatismo. Lo cierto es que la comparación no se sostiene porque, como nos ha explicado unas cuantas veces Jesús, la ciencia no son proposiciones absolutas, sino en general basadas en la idea de verosimilitud y de provisionalidad mientras que las religiones si pretenden ser verdades absolutas. La ciencia se basa en verdades provisionales que se van perfeccionando con el progreso, la religión se basa en dogmas y en jugar con mecanismos psicológicos.
1) Puedo aceptar este argumento, pero sigue sin conducir a la imposición de la teoría de la evolución en la escuela. Lo que Citoyen y Robredo deben demostrar es que los creacionistas son en general más dogmáticos como resultado de la enseñanza del creacionismo. Y tras establecer la correlación y la causalidad, argumentar que ese dogmatismo debe corregirse por la fuerza por el bien de la propia persona (o del colectivo).
2) La dicotomía que plantea Citoyen es muy simplista: ni toda la ciencia se está cuestionando permanentemente (donde la probabilidad es muy alta las proposiciones se toman como dogmas) ni toda la religión está cerrada a la crítica y a la revisión (el catolicismo primitivo es distinto al actual). La escuela, por otro lado, transmite como verdades determinadas teorías científicas y no suele dar cuenta de las disputas cuando las hay (el medio ambiente y el calentamiento global son un ejemplo). La actitud podría ser distinta (duda metódica vs. revelación y dogma), pero en la práctica la diferencia es menos categórica. Una cosa es cómo querría Citoyen que enseñaran en la escuela, otra como enseña realmente.
3) La duda metódica es importante en el ámbito académico, pero no es aplicable en la vida diaria. Las personas al actuar no estamos dudando continuamente de todo, al contrario, damos muchas cosas por ciertas. De hecho hay presunciones fuertes o prejuicios que pueden facilitar la vida en sociedad. Probablemente mucha gente no sepa fundamentarlos pero conviene que los crea y los aplique igualmente. No estoy seguro de que tenga relacion con el debate sobre creacionismo en la escuela, pero es un matiz al comentario de Citoyen.
Todo esto no sería tan gracioso si no viniera de alguien como Albert que defiende las ideas de una escuela económica ultra-minoritaria (algo que previsiblemente no cambiará en el futuro) y que sugiere que ese hecho (de ser minoritario) es uno de los causantes de la crisis actual. Quiero decir, Albert sugiere que el “mercado de las ideas” seleccionará correctamente la verdad, mientras que él mismo se adhiere a visiones cuyo éxito en el mercado de las ideas es al menos dudoso y que sin embargo considera ciertas. No sé, me cuesta verlo.
1) No he dicho que el "mercado de las ideas" vaya a seleccionar siempre la verdad. Entre otras cosas porque es un mercado muy intervenido y la política moldea la ciencia (lo cual es una razón para separarlos). En la medida en que los economistas son dependientes del Estado existen incentivos para promover determinados enfoques complacientes con el statu quo y estudiar áreas de interés para el Estado. Por ejemplo, tomemos el caso de la teoría austriaca del ciclo económico. Los bancos de inversión buscan analistas económicos y basan sus decisiones de inversión en determinados modelos. Con el estallido de la crisis lo normal hubiera sido que se replantearan esos modelos y aplicaran principios más "conservadores" (aumentar las reservas, no descalzar plazos, invertir a largo etc.). Pero los rescates, las presiones políticas, las renovadas expansiones crediticias del Banco Central etc. inhiben esa corrección. La socialización de las pérdidas evita la necesidad de depurar y revisar modelos. El proceso de prueba y error del mercado queda parcialmente bloqueado. En otras palabras, el testeo de las ideas económicas que salen de la academia está distorsionado por la socialización de pérdidas, luego no hay una presión igual de fuerte que modifique la demanda de esas ideas.
2) Citoyen aplica su miope modelo estático de competencia perfecta al "mercado de las ideas". El mercado está "en equilibrio", y la escuela austriaca ha sido rechazada. Yo entiendo el mercado como un proceso dinámico. La teoría austriaca no se ha testado y descartado, se está testando, desde hace décadas y seguirá haciéndolo. A pesar de los costes hundidos y la distorsión que apuntaba arriba, en los últimos años ha crecido en importancia y número de seguidores, ha penetrado más en los medios y en la economía mainstream, y ha acercado posiciones con los neoclásicos más sofisticados (masonomics). En el caso de la teoría austriaca del ciclo económico, por la cual Hayek obtuvo el Nobel en el 74, su popularidad es cada vez mayor. En la academia su presencia, aunque bastante marginal, también ha crecido. Los neo-keynesianos aún llevan las riendas, pero no está siendo un paseo militar. Al propio Citoyen le he leído mecionar al Banco Central y su política de bajos tipos de interés como uno de los responsables de la crisis, lo cual no puede entenderse fuera del marco de la teoría del ciclo. También es de notar que la escuela austriaca es una metodología que no monopoliza las conclusiones liberales y yo personalmente no estoy cerrado a explorar los fenómenos económicos desde una perspectiva neoclásica enriquecida con aportaciones austriacas.
3) Soy de la opinión de que la verdad pide ser defendida con argumentos, de que hay algo intrínsicamente deshonroso con hacer creer a uno la verdad a fuego. Puede que no sea una buena estrategia para promoverla, pero me parece más honesta. La competencia de ideas no siempre es honesta, entre otras cosas porque lo que este mercado intenta satisfacer no es solo el afán de "verdad", sino también los prejuicios, los miedos, el status etc. Las buenas ideas tardan en triunfar. A veces quizás no llegan a triunfar, pero no concibo otra forma de defenderlas.
4) La ideología puede llevar a la gente a sostener proposiciones "irracionales". Brian Caplan lo explica, en relación con la economía, en The Myth of the Rational Voter: Why Democracies Choose Bad Policies. En esta línea, la politización que se está haciendo de la teoría de la evolución y del creacionismo puede estar afectando gravemente el debate. Como le respondía a Robredo, a lo mejor esta amplia resistencia a la teoría evolucionista es función de la actitud militante y el afán por imponerla de determinados grupos de presión. La gente suele reaccionar así cuando se siente atacada, y creo que es hasta cierto punto comprensible que discursos hostiles como el de Robredo (que equipara la enseñanza del creacionismo con el abuso infantil) sean percibidos como un ataque.
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Otros compañeros de Red Liberal están participando en el debate: Santiago Navajas aquí, y Memetic Warrior aquí.





