Esta semana en Libertad Digital escribo una réplica al editorial de Catalunya Oberta sobre la Ley del Cine que se discute en el Parlamento catalán. En dos entradas recientes (La Generalitat manipula datos sobre el consumo de cine en catalán y Preguntas a Catalunya Oberta sobre la Ley del Cine) he tocado el mismo tema y apuntado alguno de los argumentos que desarrollo en este artículo.
La ley obligaría a doblar o subtitular al catalán la mitad de las copias de un largometraje (para aquellos con más de 15 copias), y prevé multas que van desde los 75.000 euros a los 4.000 (o amonestación). Quedan exentas las películas en versión original castellana. El anteproyecto incluye la creación de una red de pantallas concertadas (subvencionadas por la Generalitat) para la exhibición de cine catalán y europeo, y contempla un impuesto del 5% sobre la recaudación en taquilla que las salas de cine deberán dedicar a la mejora de sus instalaciones. Por último, también prevé subsidios a producciones independientes catalanas.
Frente a esta ley intervencionista a varios niveles, el editorial del portal de opinión de la FCO, Catalunya Oberta, sólo sabe congratularse de que este "proyecto ambicioso" ponga fin a "la anomalía lingüística" del panorama cinematográfico catalán. Como la "política de diplomacia y buen rollo" con las distribuidoras no ha funcionado, "hace falta un nuevo impulso". Es decir, si no se pliegan a nuestra voluntad por las buenas, lo harán por las malas. El mismo recurso que emplea la mafia. No en vano luego se pregunta si el consejero de Cultura será capaz de "doblegar a las majors".
La FCO es una organización favorable al libre mercado y por tanto le presumo un mínimo de conocimientos sobre la naturaleza del mismo. No obstante, califica de "anomalía" que haya tan poco cine en catalán y se lamenta de que el catalán "no avance", sin reparar en que los culpables de que eso ocurra son los espectadores, la demanda. Quizás la FCO replicara lo mismo que el anti-capitalista de Galbraith: la oferta no responde a la demanda sino que crea la demanda. Lo cual es tan absurdo como decir que lo único que tiene que hacer una empresa es vender algo, que los consumidores lo comprarán automáticamente.
Iba a poner un disclaimer para nacionalistas catalanes rebotados a este blog desde mi artículo, por si éste les hace sospechar que soy anti-catalán o nacionalista español. Pero creo que entre personas razonables muchos disclaimers deberían ser innecesarios, así que voy a darles un voto de confianza.





