En mi artículo para el Instituto Juan de Mariana contrasto la aproximación del liberal (¿o debería decir austriaco?) a la realidad económica con la aproximación del intervencionista (¿o debería decir neoclásico?). Los dos enfoques de partida determinan en parte nuestras conclusiones sobre las bondades relativas del Estado y el mercado.
Como respondo a Ángel en los comentarios, el artículo es una (brutal) simplificación y carece de matices. Pero creo que es útil distinguir estos dos "tipos ideales", que tienen un poso de verdad indudable, y plantearse en qué medida nos acercamos a uno o a otro modelo.
Empieza así:
El intervencionista observa el mercado como si se tratase de una fotografía, el liberal observa el mercado como si fuera una película que aún no ha terminado. Estos dos enfoques divergentes dan forma a nuestra comprensión de la realidad social y explican en buena medida la confianza que los primeros depositan en el Estado y los segundos depositamos en el mercado para la mejora del bienestar general. Juzgar el mercado como una fotografía que deja bastante que desear, una realidad imperfecta estática o "en equilibrio", tiene ciertas implicaciones que no se siguen del hecho de juzgar el mercado como un proceso equilibrante, una película con muchos cabos sueltos que tiende a un final cerrado (y feliz).
Al intervencionista no le gusta la fotografía que ve del mundo, la compara con una fotografía artificial "perfecta", y cree que debe retocar la original con Photoshop para que se asemeje a su modelo de referencia. Como tiene una fotografía "perfecta" con la que comparar todas las instantáneas de la realidad, cree identificar los defectos y saber corregirlos (o confía en que algún experto sabrá hacerlo). Traducido a lenguaje económico neoclásico, el mercado falla en la medida en que la realidad no se acerca al "óptimo" definido en condiciones teóricas de "competencia perfecta". Las condiciones de competencia perfecta no se dan nunca, así que el mercado falla continuamente. Así, el intervencionista busca una solución al fallo de mercado, que lógicamente no puede provenir del propio mercado (pues ha fallado). El mercado es la fotografía defectuosa, y hay que retocarla en el taller.










