Manuel Pastor y José Carlos Rodríguez mantienen un jugoso debate en Ideas, el suplemento de Libertad Digital, sobre Abraham Lincoln y el movimiento conservador americano. En este orden:
- Abraham Lincoln: la consolidación de una nueva nación, Manuel Pastor (en la Ilustración Liberal)
- Abraham Lincoln, forjador de una nueva unión, José Carlos Rodríguez (en la Ilustración Liberal)
- Bicentenario de Lincoln e inicio de la Era Obama, Manuel Pastor
- Lincoln, Obama y los conservadores, José Carlos Rodríguez
- Sobre el legado de Lincoln y otros cultos, Manuel Pastor
- Las inconsistencias del nacionalismo lincolniano, José Carlos Rodríguez
- Juan de Mariana y los anti-licolnianos, Manuel Pastor
Da la sensación de que Pastor se va quedando sin munición conforme avanza la polémica, atacando in crescendo y gratuitamente la figura de Juan de Mariana, el instituto que lleva su nombre y a los "marianistas" (creía que hablábamos de Lincoln...). José Carlos, siempre cuidadoso con las formas, mantiene el debate encarrilado.
Dejo al lector sacar sus propias conclusiones, yo me limito a responder a un párrafo que alude a uno de mis artículos.
Leo Strauss, serio conocedor del pensamiento de Platón y admirador de Lincoln, y su discípulo Irving Kristol, es decir, el inspirador y el fundador, respectivamente, de la "secta neocon" (según Thomas DiLorenzo y Albert Esplugas, otro cofrade marianista de JCR), corrigieron oportunamente los excesos teóricos de Popper en filosofía política y de Hayek en economía. Esplugas escribe: "El propio Kristol no se consideraba a sí mismo liberal, ¿por qué tendríamos que considerarnos neocones los liberales?" (v. su artículo "¿Neocones o neoprogres?"). El autor debería saber que liberal, en EEUU, hoy significa progresista o socialista, mientras que neocon vale, precisamente, por liberal-conservador en el sentido europeo. Por su parte, DiLorenzo considera a Strauss y a su discípulo Harry V. Jaffa responsables de uno de los cultos sobre Lincoln que critica (Lincoln Unmasked, 2006).
Primero, yo no he utilizado el término "secta neocón", como parece atribuirme (aunque Pastor sí tacha al Instituto Juan de Mariana de "culto", y al movimiento objetivista randiano de "secta").
Segundo, Strauss y Kristol difícilmente van a corregir a Hayek "en economía" cuando no son economistas (ni pretenden serlo). Los neoconservadores ideológicamente se contentan con un Estado del Bienestar "eficaz", sin llegar a plantear argumentos económicos que disputen que el mercado produce resultados superiores a la invervención pública.
Tercero, en el artículo empleo el significado europeo o clásico de liberal en el entendido de que en el mundo anglosajón su equivalente es "libertarian". El término "liberal" significa "progresista", mientras que el término "libertarian" (que Pastor asocia erróneamente con un capitalismo ácrata, anti-religioso y posmoderno) se emplea para definir tanto a los liberales anarco-liberales (Rothbard) o minarquistas radicales (Rand, Nozick, Mises) como a los "liberales clásicos" o liberales en el sentido tradicional europeo (Hayek, Friedman). "Conservative" tiene un significado más ambiguo, que ha evolucionado a lo largo del siglo XX. Hoy en día se solapa con el conservadurismo europeo y el neoconservadurismo americano, pero en el pasado fue una corriente profundamente anti-estatista y aislacionista. Los paleoconservadores actuales (que reivindican el término "conservador" para sí) son los herederos de esa tradición, aunque rastros de aquel anti-estatismo perduran todavía en el movimiento conservador contemporáneo y entre los propios neoconservadores también. Volviendo a mi afirmación inicial, Irving Kristol y otros neoconservadores han sido explícitos en su rechazo a la concepción "libertarian" (liberal) en su vertiente más laxa (Hayek).
De todas formas Manuel Pastor concede ligeramente este punto al calificar a Kristol de "liberal-conservador", cuando yo decía que Kristol no se llamaba a sí mismo liberal a secas, sin adjetivos. Sobre la alianza entre liberales y neoconservadores en un contexto europeo hice un comentario bastante matizado:
En España y en Europa en general creo que una alianza parcial con los neoconservadores tiene sentido mientras no se comprometan los propios principios, pues la cuestión militar no pesa tanto, el liberalismo de ascendencia austriaca/americana es demasiado marginal como para ir por su cuenta, y la cercanía permite una influencia notable en la derecha (que en parte es mutua y tiene costes). Cabe enfatizar, con todo, que la derecha en Europa es más conservadora a secas que neoconservadora o, dicho de otro modo, hay menos neoconservadores genuinos y más conservadores o liberales con ribetes neocones. En Estados Unidos las circunstancias son bastante distintas y en general me parece bien el distanciamiento o incluso hostilidad que se practica hacia el neoconservadurismo (al menos hacia su facción menos anti-estatista en política doméstica).
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