Andan eufóricos o encrespados numerosos nacionalistas de todos los partidos tras los resultados de la consulta soberanista en Arenys de Munt, como si la independencia estuviera a la vuelta de la esquina. Pero antes de sacar conclusiones precipitadas convendría juzgar la victoria independentista con perspectiva (estamos hablando de un pueblo con 6000 electores y de una participación del 41%) y entender que la sociedad catalana es una paleta con muchos colores, aunque algunos (en Cataluña y fuera de ella) se empeñen en caricaturalizarla en blanco y negro.
Copio a continuación las encuestas del último barómetro de la opinión pública catalana (a 17 de julio de 2009) del Centro de Estudios de Opinión de la Generalitat referentes al sentimiento de pertenencia nacional y la relación política de Cataluña con España. Un 42% de catalanes, el grupo más grande, se sienten tan españoles como catalanes. Solo un 17,5% se sienten únicamente catalanes. La independencia es respaldada por un 19% de la población (un aumento de 6 puntos desde 2005), un 32% prefiere un Estado dentro de una España federal, y un 37% quiere que Cataluña continúe siendo una Comunidad Autónoma. Así que al soberanismo aún le queda mucho por recorrer, y si quiere ser algo más que una anécdota tendrá que empezar a plantear propuestas concretas de encaje en Europa.
Por cierto, el editorial de hoy de Libertad Digital me parece tan delirante ("Lo de Arenys de Munt no es un grito a la libertad, sino a la esclavitud") como el de Catalunya Oberta ("El sobiranisme català estava ahir eufòric, i en tenia motius. Probablement el més cridaner era haver posat en evidència les estructures arcaiques i de base totalitària de l’Estat"). Cualquier comentarista que habla de "esclavitud", "totalitarismo" o "fascismo", sin siquiera matizarlo, para referirse al Estado español, a las instituciones catalanas o a la consulta de Arenys de Munt, me pierde.





