Más importante que poder participar en la gestión de un monopolio (democracia) es la ausencia de un monopolio (mercado). Espléndido Arnold Kling:
Neither my local supermarket nor any of its suppliers has a way for me to exercise voice. They don't hold elections. They don't have town-hall meetings where they explain their plans for what will be in the store. By democratic standards, I am powerless in the supermarket.
And yet, I feel much freer in the supermarket than I do with respect to my county, state, or federal government. For each item in the supermarket, I can choose whether to put it into my cart and pay for it or leave it on the shelf. I can walk out of the supermarket at any time and go to a competing grocery.
The exercise of voice, including the right to vote, is not the ultimate expression of freedom. Rather, it is the last refuge of those who suffer under a monopoly. If we take it as given that the political jurisdiction where I reside is a monopoly, then perhaps I will have more influence over that monopoly if I have a right to vote and a right to organize opposition than if I do not. However, as my forthcoming Unchecked and Unbalanced argues, the reality is that the amount of influence I have is shrinking while the scope of the monopolist is growing.
Haced una lista mental de los productos y servicios que actualmente dispensa el sector privado. ¿Preferirías que el Estado monopolizara esos servicios (y os cobrara por ello) a cambio de un "derecho a voto"? ¿Por qué se sacraliza entonces el monopolio del Estado democrático sobre tantos otros ámbitos? ¿Por qué ponemos el "derecho a voto" por encima del "derecho de salida" o el "derecho a ir a la competencia"?
Cada vez que un policía se comporte con prepotencia, o estéis en una lista de espera de meses para una operación en la sanidad pública, o los tribunales se demoren en atender vuestro caso, o en la escuela den asignaturas que no aprobáis como padres, o cuando recibáis una misera pensión estatal después de estar toda la vida cotizando, pensad en el mecanismo de control que tenemos sobre esos servicios: podemos votar cada cuatro años a unos políticos que se presentan ante nosotros con un programa en bloque y que una vez en el gobierno pueden romper las promesas que quieran. No nos está permitido dejar de pagar por esos servicios ni podemos, en muchos casos, ir a la competencia, porque está prohibida o porque después de pagar impuestos ya no contamos con más dinero.
Otra cosa es, como dice Kling, que dado un monopolio jurisdiccional de la violencia (Estado) sea o no conveniente que tengamos derecho a votar sobre su gestión, que nos afecta necesariamente.





