En este hilo en el blog de Daniel critico su defensa del voto "anti-sistema" a UPyD y me reafirmo en la opinión de que la abstención es la alternativa preferible. El Salmantino responde a mi comentario con un argumento que es utilizado como eximente por la mayoría de liberales que votan a partidos intervencionistas (PP, UPyD, Ciudadanos), arguyendo que lo son un poco menos que otros (PSOE, IU).
Yo no pretendo cargarme el sistema con mi voto ni con mi abstención, por la simple razón de que eso sería de una ingenuidad brutal.
Lo que deseo es el mal menor dentro del sistema, lo que es mucho más realista.
Esta postura es vulnerable a tres críticas:
- No está claro que votar al mal menor sea más "realista" o "menos ingenuo" si el objetivo es el cambio o reforma a largo plazo, y no la victoria corto-placista (en cada una de las batallas electorales). Votar por "el menor de los dos males" de forma regular puede retrasar o incluso inhibir la aparición de una opción más diferenciada (un mal todavía menor), pues el partido que en un momento dado es el menos malo sabe que siempre puede confiar en tu voto y no tiene incentivos para radicalizarse. Si lo hace, puede perder votos, mientras que si no lo hace (o incluso se vuelve más intervencionista), no pierde el tuyo en tanto los otros partidos sigan siendo peores. Así que en lugar de dar pasos pequeños hacia adelante podemos encontrarnos dando pasos pequeños hacia atrás.
- En relación con la señalización (el mensaje que los demás asocian a tu voto), el apoyo a un partido que en esencia no representa tus ideas, aunque se trate de un mal menor, también puede resultar contra-producente. Véase mi artículo sobre el voto, la abstención y la señalización.
- Intuyo que debe haber algún momento en el que la máxima de votar al "menos malo" de los partidos tenga implicaciones tan repulsivas (por ser el programa del partido tan antitético con las ideas que uno sostiene) que obligue a renunciar a ella. Y sin embargo, si somos consecuentes aplicando este principio, la valoración del programa del partido en términos absolutos no debería afectar nuestra decisión, pues votamos valorando siempre en términos relativos (al menos malo).
Tomemos este último punto y planteemos algunos escenarios imaginarios con el fin de comprobar la coherencia y los límites de la máxima "votemos al mal menor dentro del sistema".
Se supone que Stalin pertenecía al ala "moderada" del comunismo soviético y que Trostky era más extremista. En caso de que la dictadura del proletariado tolerara comicios, ¿hubierais votado por Stalin?
Si Cuba permitiera elecciones pero solo dejara presentarse a Fidel y a su hermano Raúl (más moderado en el margen), ¿votaríais por Raúl?
¿En alguno de estos escenarios contemplaríais la abstención, o en todos ellos aplicaríais el criterio del mal menor?





