Es la tercera vez que viajamos a Nueva York en los últimos dos años, así que en esta ocasión nos hemos dedicado a vivir la ciudad más que a visitarla. Fuimos a la exhibición de Francis Bacon en el Met (nunca deja de asombrarme este museo), a un par de galerías del Soho y al Guggenheim (más pequeño y asequible de lo que pensaba). También fuimos a una representación de danza en el Metropolitan Opera House (donde el jet lag me pasó factura) y a una misa Gospel el domingo en Harlem. Marina es la que tiene pasión por el arte, yo tengo interés, que se agota después de dos horas de atención (parafraseando a Tyler Cowen, llega un momento en el que las personas que se pasean por el museo empiezan a parecerme tan interesantes como las obras que cuelgan de la pared).
Esta vez salimos de Manhattan para visitar el barrio griego de Queens-Astoria (la vez anterior habíamos visitado el distrito histórico de Brooklyn, bastante más recomendable). Por la noche, una copa en la animada azotea del hotel Gansevoort en el Meatpacking District (la zona chic que frecuentaban las amigas de Sexo en Nueva York) y unos cocktails en el bar South Gate de nuestro hotel (las dos últimas noches nos hospedamos en el Jumeriah Essex House con vistas a Central Park, cortesía de la empresa de mi novia; las dos primeras en un albergue cuco y céntrico pero acorde con nuestro prespuesto...).
Ya comenté en una entrada anterior que Nueva York combina tosquedad con estilo, algo seguramente extrapolable a Estados Unidos en general. A primera vista sorprende que haya tantos ejemplos de buen gusto, elegancia y vanguardismo en una sociedad tan vasta y endogámica. Pero América es en esencia heterogénea y rica en contrastes, resultado de la extraordinaria diversidad de sensibilidades, inquietudes y bagajes culturales de esta nación de inmigrantes que, no obstante, comparte un carácter emprendedor y un afán por el progreso y la superación personal.
Dos cosas que he notado esta vez, más que las anteriores: los neoyorquinos con los que nos hemos cruzado han sido extremadamente serviciales y simpáticos. Quizás mi experiencia no es representativa, pero ha sido un patrón constante desde bajar del avión. Muchos americanos prestos a darnos conversación, a echarnos una mano con las indicaciones, metro etc. En definitiva, una ciudada con muy "buen rollo".
El otro aspecto en el que también me he fijado esta ocasión es la cantidad de obesos que hay. Recuerdo que cuando visité Nueva York hace años dudé de las estadísticas oficiales porque no me pareció ver a demasiados obesos. Esta vez mi experiencia anecdótica puede confirmar las estadísticas según las cuales 1 de cada 4 americanos son obesos. Pero la obesidad es solo el extremo de un continuum, el sobrepeso está muy generalizado (creo que una mayoría de adultos americanos son obesos o padecen sobrepeso) y realmente contrasta con la situación en España o el Reino Unido. Imágenes de Wall-E me venían a la cabeza. Las razones de este sobrepeso creo que son evidentes: Nueva York está repleto de restaurantes y Delis de comida americana, italiana, coreana etc. abundante, rica y barata. Por menos de $15 o $20 puedes empacharte literalmente, y no hablo de comida rápida de McDonald's o KFC (que me encanta también), sino de comida "de batalla" si queréis pero sabrosa y de calidad (buena carne, platos preparados, vegetales y fruta fresca etc.). En un buffet de "Southern Soul food" de Harlem (donde puse como requisito comer en un sitio de mayoría negra) creo que no llegué a gastarme $20 y apenas me quedó hambre para la cena. En Korea Town las increíbles barbacoas de ternera (que cocinas en la propia mesa) no cuestan más $20. A eso hay que sumarle las paradas de hot dogs, falafel etc. que hay en cada esquina del downtown y el midtown. Si trabajas allí, sales en el descanso del mediodía y comes en cinco minutos por cinco dólares. Entiendo que sea difícil controlarse, aquí no tenemos las mismas tentaciones a nuestro alcance.
Por cierto, hoy en mi vuelo de regreso con Virgin Atlantic había un pasajero notable: Sir Richard Branson, dueño de la aerolínea y toda una celebridad en el Reino Unido.
A continuación cuelgo varias fotos sueltas.
Harlem, lleno de iglesias y muy turístico en sus avenidas principales. Hay que alejarse un poco para dejar de ver blancos. Algunas áreas siguen estando bastante demacradas.
Queens es un barrio residencial al otro lado del East River. La parte que visitamos (Astoria Queens) no era especialmente bonita, aunque la avenida Broadway parecía animada y estaba llena de restaurantes y comercios.
Times Square, parcialmente peatonal y con un despliegue sillas para la gente (han cerrado Broadway a esa altura). La iniciativa es provisional y en un cartel se invita a los ciudadanos a votar a favor o en contra. A mí me gustaba como era antes, cuando el caos publicitario se entremezclaba con el caos circulatorio y el turista era solo un transeúnte más, sin ninguna zona habilitada para que pudiera sentarse y pasearse.
Entradas relacionadas:





