Esta es la pregunta de la encuesta en el lateral, a propósito del artículo de Aurelio Arteta que critico en una entrada anterior. Nótese que una cosa es estar a favor del derecho a portar armas y otra querer ejercerlo.
En mi caso, soy partidario de la libertad de armas pero se me hace extraño imaginarme con una. Si hubiera nacido en Estados Unidos, donde es normal tener un arma en casa, probablemente pensaría distinto. Pero en ausencia de una cultura de la auto-defensa hemos cultivado otros hábitos y prejuicios. De todos modos me inclino por el "quizás", porque la idea de sentirme impotente ante un criminal que intenta atacarme a mí o a mis seres queridos me da escalofríos, y cuando hago introspección preguntándome si sentiría remordimientos al quitarle la vida a alguien que pone en riesgo la mía siempre llego a la misma conclusión: no.
Puede que el criminal no tenga la intención última de matarme, o que padezca profundos problemas psicológicos o se reformase al cabo de 20 años si fuera encarcelado, pero en el momento de la agresión no lo sé ni tengo por qué ponderar estas incógnitas: el criminal está poniendo en riesgo mi vida y no tiene ningún derecho a exigir que yo asuma el riesgo de su salvaje comportamiento. No soy nada violento (no recuerdo una sola pelea en la escuela), pero mi preocupación cuando pienso en este tipo de escenarios es que el criminal se vuelva a levantar después de golpearle o dispararle, ahora con sed de venganza. En frío dudo que pudiera ejecutar a un criminal, pero cuando la agresión se está produciendo me veo capaz. Además, en un momento en que el criminal no muestra signos de arrepentimiento sino todo lo contrario, compasión y empatía creo que es lo último que sentiría.
Lo cual me recuerda un pasaje de la novela The Probability Broach
que me hizo sonreir. Habla el protagonista, el policía Win Bear:
Many cops see thirthy years without firing a shot in anger, others quit cold after their first. You'd be surprised how often. Some few start enjoying it, but we try to weed them out - too bad the feds don't follow the same policy. I was surprised how I felt: like shooting those rattlesnakes. The world was clearner, safer. Not much, but a little. I hadn'd liked doing it any more than, say, washing dishes, but I'd do it again. I'm not for capital punishment, a useless, stupid ritual, degrading to everyone involved - except at the scene and moment of the crime, preferably at the hand of the intended victim. (p. 74-75)
Cabe puntualizar que esta pregunta y comentarios solo tienen sentido en el contexto de un marco legal pro-víctima, en el que defenderse sin miramientos no es delito, porque de poco sirve la libertad de armas si te meten en la cárcel casi siempre que disparas. Arturo Pérez-Reverte captura brillantemente el problema de la auto-defensa en España en este artículo.
Me despierta un ruido y miro el reloj de la mesilla de noche. Ha sonado en la planta de abajo. Así que cojo la linterna y el cuchillo K-Bar de marine americano –recuerdo de Disneylandia– y bajo las escaleras intentando ir tranquilo y echar cuentas. Cuántos son, altos o bajos, nacionales o de importación, armados o no. Si estuviera en un país normal, este agobio sería relativo. Bajaría con una escopeta de caza, y una vez abajo haría pumba, pumba, sin decir buenas noches. Albanokosovares al cielo. O lo que sean. Pero estoy en la sierra de Madrid, España. Tampoco me gusta la caza ni tengo escopeta. Sólo un Kalashnikov –otro recuerdo de Disneylandia– que ya no dispara. Por otra parte, una escopeta no iba a servirme de nada. Estoy en la España líder de Occidente, repito. Aquí el procedimiento varía. Mientras bajo por la escalera –de mi casa, insisto– con el cuchillo en la mano, lo que voy es haciendo cálculos. Pensando, si se lía la pajarraca, si no me ponen mirando a Triana y si tengo suerte de esparramar a algún malo, en lo que voy a contar luego a la Guardia Civil y al juez. Que tiene huevos.
Lo primero, a ver cómo averiguo cuántos son. Porque si encuentro a un caco solo y tengo la fortuna de arrimarme y tirarle un viaje, antes debo establecer los parámetros. Imaginen que descubro a uno robándome las películas de John Wayne, le doy una mojada a oscuras, y resulta que el fulano está solo y no lleva armas, o lleva un destornillador, mientras que yo se la endiño con una hoja de palmo y pico. Ruina total. La violencia debe ser proporcionada, ojo. Y para que lo sea, antes he de asegurarme de lo que lleva el pavo. Y de sus intenciones. No es lo mismo que un bulto oscuro que se cuela en tu casa de madrugada tenga el propósito de robarte Río Bravo que violar a tu mujer, a tu madre, a tus niñas y a la chacha. Todo eso hay que establecerlo antes con el diálogo adecuado. ¿A qué viene usted exactamente, buen hombre? ¿Cuáles son sus intenciones? ¿De dónde es? ¿A qué dedica el tiempo libre?… Y si el otro no domina el español, recurriendo a un medio alternativo. No añadamos, por Dios, el agravante de xenofobia a la prepotencia.
Seguid leyendo, acierta por completo.
¿Qué pensáis vosotros sobre este tema? ¿Tendríais un arma en casa si fuera legal?
(Gracias spartan)





