Roger Senserrich responde a mi entrada con esta otra. Copio a continuación la respuesta que he dejado en los comentarios (un poco editada) y luego contesto a un comentario de Citoyen.
Senserrich:
Primero de todo, la gran objeción de Albert Esplugas. Sí, está en lo cierto, el modelo que describía en el artículo estaba cojo en un punto: los empresarios no eran penalizados en absoluto al despedir a alguien. Ese punto, sin embargo, lo comentaba en mi primer comentario, siguiendo el modelo de Blanchard que describe Citoyen: cada vez que un empresario despida a alguien, sus cuotas al fondo de compensación aumentarían, sea vía un pago adicional en el resto de trabajadores, sea vía un impuesto por despido.
El problema es que en la medida en que desincentivas el despido menoscabas el propósito de tu reforma: incentivar el despido / la recolocación y mobilidad de trabajadores. Si, pese a penalizar el despido, sigues externalizando parte de los costes del despido, el efecto que yo describo sigue produciéndose (en menor medida, pero sigue produciéndose). Como resultado, las indemnizaciones aumentan y también lo hacen las cuotas que pagan los empresarios al fondo de compensación (más costes empresariales, o reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social). Si mediante penalizaciones/impuestos anulas toda la externalización de costes, entonces volvemos al modelo anterior básicamente (esto es, cada empresario paga las indeminizaciones de los trabajadores que despide).
En cualquier caso, entiendo las ventajas de hacer que el despido sea libre y gratuito en el momento de tomar la decisión, pues los empresarios pueden asignar el factor trabajo a sus usos más productivos sin cortapisas. Pero tú te detienes ahí, como si la medida fuera neutra, y no lo es. Porque si los empresarios financian el fondo de compensación y la indeminización para el trabajador tiene que ser la misma y no menor entonces los costes de los empresarios aumentan y sigue habiendo un componente redistributivo, lo que reduce la competitividad de numerosas empresas, dificulta la contratación etc. y puede contrarrestar aquellas ventajas que señalábamos. En otras palabras, tú piensas que estás manteniendo los costes de las empresas fijos y al mismo tiempo estás haciendo el mercado laboral más flexible. En realidad, al incentivar los despidos y querer mantener fijas las indemnizaciones/subsidios a los trabajadores, lo que estás haciendo es aumentar los costes de las empressas.
El modelo danés de flexiseguridad, que defiendes como ejemplo, no es lo que propones: no hay un fondo de compensación pagado por empresarios que financia indemnizaciones y subsidios de desempleo, estas prestaciones son financiadas vía impuestos generales y por tanto son sufragadas por las familias. En este caso los despidos sí tienen un coste cero para los empresarios, antes y en el momento de producirse. Las ventajas para los empresarios son evidentes, pero de nuevo hay costes: las familias pagan la factura. Si, en el caso español, quieres mantener el mismo nivel de subsidios, indemnizaciones etc., las familias tendrían que soportar un aumento de los impuestos bastante notable. Las empresas y trabajadores salen ganando, las familias salen perdiendo (y puesto que trabajadores, empresarios y familias no son más que distintas facetas de las mismas personas, el balance neto es aún más difícil de estimar).
Citoyen replica:
En lo que yo propuse (vamos, la idea no es mía, es de Blanchard) no es necesariamente así. http://www.lorem-ipsum.es/blogs/laleydelagravedad/2009/02/pasando-reformas-iv-una-alternativa-a-la-indemnizacion-por-despido.html Primero, con un impuesto sobre los despidos, los costes de despido serían fijos y conocidos ex ante salvo casos especiales (discrimnación racial, acoso, etc,…). Segundo, si quieres, puedes mover las palancas de forma separada; puedes abaratar el despido cuando sea necesario sin que eso suponga reducir la protección social. El Estado actúa como caja de compensación. Eso en una situación de crisis, como ahora, podría ser algo interesante.
Pero es que no puedes mover las palancas de forma separada sin que demanda y costes se afecten mutuamente: si abaratas el despido, socializas los costes, quieres mantener el mismo nivel de protección, el resultado es necesariamente un aumento de los costes totales. Solo evitas un aumento de los costes si:
a) No socializar/externalizar los costes del despido
b) Aceptas una reducción de las prestaciones
En la medida en que uno de estos dos puntos no se cumple totalmente, los costes empresariales aumentan (esto es, las cuotas que tienen que satisfacer para financiar el fondo de compensación crecen por encima del coste medio que soportaban en el escenario sin costes socializados). Pregúntate qué pasa si desacoplas total o parcialmente los costes de la demanda en cualquier otro sector (o sea, abaratas el producto en el punto de uso y financias parcialmente su producción vía impuestos): ¿no hace eso aumentar la demanda? ¿No produce el aumento de esa demanda un incremento de los costes vía impuestos?
Doy la razón a Senserrich y a Citoyen en que la reforma elimina la distorsión en forma de costes de despido distintos según el trabajador, permitiendo que el empresario decida en base a su productividad etc. Pero si las cuotas que pagan los empresarios aumentan, en paralelo al incremento de los costes globales (debido al abaratamiento del despido en el momento de producirse etc.), no veo que el balance neto pueda considerarse positivo.
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