Pascual González sostiene que la moral y el determinismo son compatibles y para demostrarlo plantea una experimento mental con "mundos gemelos". En realidad se trata de una versión elaborada de un argumento bastante común, que reza lo siguiente: si no asumiéramos que el hombre es responsable de sus acciones y aplicáramos normas y sanciones que incentivaran los buenos comportamientos, el crimen y las actitudes anti-sociales proliferarían y la sociedad degeneraría. Luego debemos asumir que el hombre es responsable y aplicar normas.
El problema que tengo con este argumento es que siempre se plantea como si de hecho pudiéramos elegir, en sentido profundo, entre una sociedad con normas y una sociedad sin ellas, cuando desde un punto de vista determinista éstas no son más que el producto último de la interacción de micro-partículas. Es decir, el argumento pretende persuadirnos de que es mejor que nos decantemos por una sociedad que trata a los hombres como si fueran responsables de sus actos, pero ese intento de persuasión es absurdo y fútil, porque si finalmente tratamos (o no) a los hombres como si fueran responsables será porque está determinado que los tratemos de ese modo, no porque nos "hayamos decantado" o "decidido en favor de" ese modelo de sociedad después de sopesar el argumento. Por tanto, desde un punto de vista determinista, carece de sentido plantear el argumento, sobre todo si es con la pretensión de persuadirnos.
Copio la parte central de la metáfora de los "mundos gemelos" (T y TG), y enfatizo al final la alusión implícita a nuestra libre voluntad:
(...) [E]n ese preciso momento tuvo lugar la única diferencia, hasta el momento, entre T y TG (digamos que en su gemelidad existe un error minúsculo, algo parecido a los errores de copia del ADN de las células; quizá una interferencia cuántica, fortuita en los cerebros de unos cuantos que provocó un efecto mariposa diferente en ambos planetas). Dicha diferencia consiste en lo siguiente:
- En TG unos pocos filósofos muy ingeniosos ayudados por un grupo de periodistas de talento consiguen producir en la opinión pública y en los jueces y los políticos la creencia de que la moral ya no tiene sentido y de que hay que desechar la idea de responsabilidad.
- En T, en cambio, deciden que a pesar de los descubrimientos de los neurocientíficos, todo seguirá como hasta entonces. O sea, en casi todas las circunstancias todos seguirán considerando responsables a los demás de las acciones que realicen. Las mujeres considerarán a sus maridos responsables de sus adulterios, y no víctimas de sus hormonas. Como regla general, a los adúlteros no les será tenido en cuenta el distinto funcionamiento hormonal y las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres. De forma parecida, los jueces sólo considerarán informes neurológicos de los asesinos en muy contadas ocasiones (cuando se trate de anomalías cerebrales estadísticamente extremas). Y como esos ejemplos, muchos más.
Bien, hagámonos ahora dos preguntas: ¿seguirán siendo T y TG gemelas a partir de aquí? Y también: ¿en cuál de ellas sería preferible vivir? Personalmente tengo claras ambas respuestas: a partir de ahora habrá una gran divergencia entre ambos mundos. Y, desde luego, yo elegiría T para vivir. Creo que no importa mucho si al final existe o no algo como eso a lo que los filósofos han llamado “voluntad libre”: debemos seguir defendiéndonos de los asesinos. Y algo quizá más importante: debemos evitar asesinatos futuros. Una de las mejores formas de conseguir tal cosa es introduciendo en cada cerebro la información de que el asesinato conduce a la cárcel, independientemente de que lo cause la voluntad libre, la red neuronal o el sistema límbico. Eso evitará nuevos asesinatos porque la nueva información (si matas serás considerado responsable y castigado en consecuencia) acaba sumándose a la red causal que acaba determinando la acción. (...)
De ese modo, lo que propongo es que nos olvidemos, o que al menos revisemos el viejo filosofema según el cual sólo seremos responsables si también somos libres de elegir (si poseemos algo semejante a una “voluntad libre”) y nos centremos en ver la responsabilidad como una institución social gracias a la cual todos tenemos un conjunto más o menos preciso de creencias sobre cómo reaccionarán los demás ante nuestros actos y que estas creencias intervienen causalmente en nuestras acciones.
Héctor Meda, en una entrada sobre el determinismo y la libertad, también trataba a sus lectores como si fueran personas con libre voluntad (con capacidad de elegir entre buscar causas no causadas y buscar normas que proporcionen los incentivos adecuados):
Así que si queremos que nuestra sociedad perviva no deberíamos afanarnos tanto en buscar causas no causadas o seres impolutamente libres como en buscar la mejor manera de que podamos convivir.
En una entrada anterior, La ilusión de la libre voluntad, ya expliqué por qué creo que un determinista no puede intentar persuadir a otra persona de su posición sin caer en la contradicción. Eso no prueba que el determinismo es falso, sino que no hay modo de demostrar su validez de forma lógica y que estamos irremediablemente condenados a creer que tenemos libre voluntad.
Así pues, estoy de acuerdo con Pascual en que no importa si al final existe o no algo llamado "libre voluntad", pero por una razón distinta: no importa porque todos actuamos como si de hecho existiera y somos incapaces de actuar de otro modo.
Para terminar, me gustaría puntualizar dos cosas:
- La moral a la que se refiere un determinista es, por definición, de naturaleza distinta a la que se refiere un partidario del libre albedrío. La moral determinista está vacía de contenido, los "comportamientos morales" están causados por lo mismo que causa el florecimiento de las plantas o el movimiento de los animales. No interviene ningún elemento (consciencia, razón etc.) que distinga ese comportamiento de cualquier otro introduciendo valores como la responsabilidad, el mérito, el sacrificio, la virtud etc. Para los partidarios del libre albedrío la moral tiene un significado más profundo, inseparable de la capacidad de elegir entre cursos de acción. Para actuar moralmente uno debe poder elegir actuar inmoralmente (ie. la caridad deja de ser virtuosa si es un mero reflejo/reacción). Reflexioné y debatí sobre esta cuestión en una entrada anterior: No hay virtud sin libertad (respuesta a Citoyen).
- Disiento de la afirmación de Pascual de que la neurología y las ciencias de la mente han demostrado recientemente que las decisiones libres son una ilusión (aunque quizás la afirmación es parte de la parábola de las tierras gemelas). La ciencia está lejos de negar la existencia de la libre voluntad. Véase Free Will in Scientific Psychology (pdf), de Roy Baumister. Y a falta de pruebas empíricas nuestra experiencia cotidiana y la intensidad con que sentimos la consciencia deberían contar más que una interpretación apriorística de la ley de la causalidad, pese a ser una interpretación poderosa.
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