Día 2
El segundo día fue más intenso que el primero. Un par de salgados y suco de frutas com leite para desayunar, crema de protección solar y a caminar.
Cruzamos el barrio de Bela Vista, apacible y residencial, con comercios y vida local. Ni un turista, calles con pendiente, casas pequeñas con fachadas deterioradas salpicadas por imponentes bloques de pisos. Llegamos a Av. 9 de Julho y continuamos caminando.
Nuestro destino era el centro histórico y el barrio japonés de Liberdade. Las distancias en el mapa parecen asequibles pero cuando las recorres andando se dilatan mucho. En la ruta empezamos a ver una pobreza que no habíamos visto el día anterior. Conforme nos acercábamos al centro más gente veíamos durmiendo en portales o en las plazas. Pocos al principio, por decenas cuando llegamos.
Nos topamos con un mercadillo de fruta y vegetales y nos bebimos un coco. Cuando son verdes hay poca pulpa, te lo abren por arriba y bebes el "agua de coco" con una caña; luego te lo abren a machetazos, te improvisan un par de "cucharas" con la cáscara, y escarbas lo que hay de pulpa.
Ya en el centro, frente a la histórica Facultad de Derecho (la primera de Brasil, y polo de atracción de estudiantes en su momento) había por lo menos 20 personas acampadas con cartones y ropas por el suelo.
Adentrándonos por las calles que llevan al Parque Ahangabaú se veían los primeros turistas paseando. Era domingo y todos los comercios de aquella zona peatonal estaban cerrados, por lo que nos perdimos el animado ambiente que esas calles seguramente tendrían cualquier otro día. El que fuera domingo y no laboral puede que también influyera en el hecho de que hubiera tantos pobres en el Centro. No lo sé, pero no creo que les dejasen acampar frente a comercios y locales abiertos.
En el Centro, el Parque Ahangabaú está hundido en el suelo y atravesado por sendos puentes, rodeado de rascacielos de oficinas. A un lado el Teatro Municipal, al otro el edificio Banespa, una versión reducida del Empire States neoyorquino que data de 1947. El ayuntamiento también está junto al parque.
(Parque Ahangabaú)
(Ayuntamiento, derecha)
(Teatro Municipal)
(edificio Banespa)
Pasado el Teatro Municipal está la Praça da República, también tomada por mendigos. En el lado sudoeste había mercadillo de ropa, souvenirs y comida. Probamos algunos platos locales.
Después de comer subimos al edificio Itália, que tiene un restaurante con un balcón-mirador en el último piso. Las vistas de Sao Paulo desde allí son espectaculares.
Luego nos dirigimos a la Praça da Sé, una suerte de Speaker's Corner en la que se dan cita algunos predicadores y audiencias variopintas. La plaza da a la catedral.
Detrás de la catedral se extiende el barrio de Liberdale, que alberga la mayor comunidad japonesa fuera de Japón. Allí volvimos a comer, esta vez platos nipones en un mercadillo de fin de semana. Paseamos por el barrio, bastante abarrotado y con todos los locales abiertos. A medio paseo cayó un pequeño chaparrón que utilizamos como excusa para un caipirinha a cubierto.
Cuando la lluvia amainó tomamos el metro e hicimos una expedición de tarde que consistió en metro línea 2 y E + bus + metro línea C, que es de superficie y llega hasta los límites del sur de Sao Paulo. Así pudimos hacernos una idea de la extensión de la ciudad y de las nuevas construcciones que se estaban alzando. Rascacielos y bloques de pisos sin interrupción. El metro a travesaba también el nuevo centro de negocios en Morumbi, a orillas del río Tieté y precedido por el estilizado puente Octavio Frias de Oliveira. Casi al final de trayecto, en barrios residenciales cada vez más humildes, nos bajamos y cogimos el metro de vuelta.
La noche del domingo fue más relajada. Paseamos por Avenida Paulista y acabamos en un bar en zona de nadie tomando unos cóckteles.
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