En una entrevista en Expansión, el secretario general de UGT Candido Méndez ha defendido la semana laboral de 35 horas o de 4 días.
¿En el programa para el 40 Congreso del sindicato, que se celebrará la próxima semana en Madrid, UGT insiste en pedir la regulación de la jornada laboral de 35 horas a la semana, a pesar de su fracaso en Francia?
Para nosotros es un objetivo estratégico que defendemos desde hace tiempo. En Francia no ha habido ningún fracaso. Lo que ha habido es una decisión política regresiva [del Gobierno galo]. La aplicación de las 35 horas fue un éxito y sirvió para que muchas empresas mejorasen sus mecanismos de gestión. Sobre todo las pequeñas empresas. Y aquí en España, estamos avanzando en la reducción de la jornada en los convenios. La media ya está en las 37 horas semanales. Y en Europa muchos países están reduciendo la jornada.
A Méndez le convendría revisar este informe del FMI, cuyas conclusiones no arrojan un saldo demasiado halagüeño sobre las 35 horas impuestas por decreto:
- Empujó a los trabajadores en grandes empresas a coger trabajos adicionales, o a desplazarse a empresas pequeñas donde la jornada de 35 horas no era obligatoria.
- Los costes salariales por hora en las grandes empresas se incrementaron, lo cual fomentó el reemplazo de trabajadores en plantilla por nuevos trabajadores a precios inferiores.
- No tuvo un impacto significativo en el empleo agregado.
- No aportó ningún aumento significativo de la satisfacción de los trabajadores, medida por series de encuestas del Eurobarómetro.
Méndez olvida o desconoce, por apego a la ley de hierro de los salarios o versión de la misma, que en un entorno competitivo los trabajadores son remunerados en relación al valor que generan. No porque los empresarios sean bondadosos y altruistas, sino porque los trabajadores son un factor escaso y la empresa que más puja por ellos es la que los contrata. En consecuencia, si los trabajadores laboran menos horas producirán menos y al empresario no le saldrá a cuenta pagarles tanto. Juan Ramón Rallo expone este simple razonamiento en Libertad Digital.
Muchos parecen creer –siguiendo todavía a estas alturas a Marx– que el trabajador es la parte esencial de un proceso productivo y que si su precio aumenta, lo hará siempre a costa de los beneficios del capitalista: en su mente, se trata de una simple redistribución de la renta. No entienden que si el coste de los trabajadores aumenta, los empresarios tenderán a utilizarlos menos y si hace falta cerrarán ciertas líneas de negocio, como sucedía cuando subía la luz.
Pues bien, reducir la jornada laboral y mantener los salarios equivale a un incremento enorme de la retribución de los trabajadores (trabajan un 12,5% menos y cobran lo mismo). Y si el trabajo se encarece, se utiliza menos. ¿Resultado? Más paro. Que nadie sueñe con que los empresarios redoblarán las contrataciones para cubrir los huecos; puede que sea así en algunos casos (a costa, claro, de que suban los precios de su mercancía), pero en general es imposible: todos los empresarios no pueden subir todos los salarios a la vez de manera sostenida en el tiempo. En caso de implantarse una medida similar, quienes la sufrirían serían aquellos a los que supuestamente se quiere beneficiar.
The Economist se hace eco de un artículo publicado en el rotativo francés Libération, en el que sostiene que gracias a la crisis económica la jornada de 35 horas está siendo implementada en varios países, incluido el Reino Unido. Francia, continúa el artículo, está siendo reivindicada después de ser el objeto de mofa en los círculos empresariales de todo el mundo por esta política. Los "tiempos están cambiando".
La réplica de The Economist:
The underlying philosophy of the idea is the “lump of work” fallacy. In crude terms, this holds that each company or sector of the economy needs a certain amount of labour, at any one moment. Thus firms will have to hire extra staff, reducing unemployment if the law makes it hard or impossible for existing workers to do lots of overtime. When introduced, the 35 hour week law gave rise to a couple of big objections, both of which surely remain valid: it risks making makes firms uncompetitive without lowering unemployment, especially since hiring and firing in France is such a complicated business. It is also unappealing to pass laws telling adults that they are not allowed to volunteer to do overtime, even if they want the extra money and their companies would welcome it.
What is happening in some firms in Germany, Japan and Britain, as reported by Libération’s article is that at a time of economic crisis and plunging demand, firms are asking workers to put in shorter hours, in a bid to share out what work there is and avoid job losses. That is surely quite different: a painful emergency measure, not a brilliant wheeze for running an economy in more normal times.





