El argumento de Berta sobre el Milk y el colectivismo me parece interesante, y aunque flirteo un poco con él no me acaba de convencer.
Dice Berta:
Lo que yo he visto en Harvey Milk no es un elogio de la libertad del individuo para hacer lo que le dé la gana con su cuerpo y su vida en general, sino un alegato para la unión política de los homosexuales; en otras palabras, argumentos para la creación de un lobby.
Pero la "creación de un lobby" de presión política no está necesariamente en conflicto con la defensa de la libertad individual. La cuestión es si este lobby mono-temático defiende o no una postura liberal.
Por eso creo que lo importante en la identidad política no es si tú eres gay y quieres una protección especial, o si tú eres agricultor y quieres una protección especial, o si tú eres mujer y quieres una protección especial: al contrario, lo relevante es si tú estás a favor de la legalización de las drogas, o si tú estás en contra de la centralización, o si tú opinas que las nacionalizaciones son perniciosas.
La primera es la lógica del lobby: nos agrupamos en torno a sólo una de las características que tenemos (a veces elegidas, a veces dadas; las dadas son las más ridículas y peligrosas), y reclamamos una atención particular favorable a nuestro interés. Así, todos los lobbies compiten en influencia y el más poderoso inclina la ley o las políticas públicas a su favor. Al contrario, en la segunda lógica subyace una teoría del modelo de sociedad deseable, una creencia económica y/o filosófico-política con la cual no nacemos ni nos es impuesta: la fuerza del condicionamiento de la socialización política primaria no contradice en absoluto su carácter, en última instancia, elegido.
Desde un punto de vista platónico el mundo debería funcionar así. Pero en la realidad, los individuos se mueven por intereses personales, protestan contra una política cuando les perjudica, apoyan una reforma liberal o se "desprenden" del Estado cuando les beneficia etc. y si somos pragmáticos deberíamos aprovecharnos de esta inclinación humana en lugar de intentar reformar cómo la gente actúa. La teoría del desprendimiento que esbozaba Toni Mascaró en este artículo, y que tantos simpatizantes tiene entre los liberales, es la perfecta ilustración de lo que critica Berta: gente actuando conforme a su propia condición e intereses, y haciéndolo en un sentido que les beneficia y socava las bases mismas del intervencionismo. La gente al desprenderse del Estado no piensa en términos éticos ni en "modelos de sociedad". Solo unos cuantos lo hacemos, y no sé hasta qué punto es razonable esperar que muchos otros lo hagan. La gente tiene otras cosas en mente, no está tan interesada en filosofar o en aprender economía, lo cual es para mí enteramente comprensible y respetable (y en cierta manera positivo).
Me parece también comprensible que las personas se agrupen en torno a una cuestión que es central en su vida, como puede ser el respeto a sus relaciones sentimentales y prácticas sexuales. No es extraño encontrar en la historia o en la actualidad ejemplos de lobbies de este tipo: creyentes reclamando libertad religiosa en países donde está reprimida, enfermos de cáncer y médicos reclamando la legalización de la marihuana para tratamientos, negros reclamando la abolición del esclavismo o del Apartheid y la igualdad de derechos, grupos de contribuyentes reclamando bajadas de impuestos etc.
Imaginemos que cobra fuerza un movimiento pro-derechos de la mujer en los países árabes donde están más reprimidos. ¿Criticaría Berta que las mujeres árabes se unieran en torno a su identidad femenina y reclamaran atención particular a la represión dirigida contra ellas? ¿Por qué es distinto el caso de los homosexuales en un lugar y en una época en la que su estilo de vida estaba reprimido?





