En los comentarios de estas dos entradas sobre la muerte de civiles en Gaza (aquí y aquí) JFM me ha preguntado por qué no hablo también de las víctimas inocentes de Darfur o Sri Lanka si, como sostengo, "todas las vidas valen lo mismo". En el contexto de las protestas contra la guerra de Iraq también se criticó desde la derecha el "pacifismo selectivo" de los manifestantes. El argumento sugiere que tan airadas protestas denotan hipocresía y dejan entrever un sesgo anti-israelí o anti-americano, la razón última por la cual salimos a la calle por los palestinos o por los iraquíes pero no por los sudaneses (muchos ni siquieran saben que están siendo masacrados). La crítica tiene mérito y exige una reflexión.
En primer lugar, cuando digo "todas las vidas valen lo mismo" lo que quiero decir es que todos los civiles o personas inocentes en una guerra tienen el mismo derecho a la vida. Me estoy refiriendo al valor que tiene la vida de un individuo desde un punto de vista ético, objetivo. Desde un punto de vista personal, el valor es subjetivo y obviamente no todas las vidas valen lo mismo: la muerte de una persona cercana a mí me aflige más que la muerte de alguien que no conozco.
Es coherente sostener que todos los invididuos tienen derecho a la vida y al mismo tiempo solo sentir preocupación o pena por la vida de determinadas personas. Pero, honestamente, la muerte de palestinos inocentes me aflige tan poco como la muerte de civiles sudaneses. Mi estado emocional no se ve seriamente alterado por la muerte de personas que no conozco y que habitan en regiones o comunidades con las que no tengo ningún vínculo. Pero entonces la pregunta sigue siendo, ¿por qué dedico tantas entradas a la muerte de civiles palestinos y ninguna al genocidio de Darfur?
Porque no todas las noticias valen lo mismo, y no valen lo mismo por varios motivos:
- Hay conflictos que despiertan nuestro interés por razones históricas y culturales. Estados Unidos es la primera potencia del mundo, su cultura tiene una destacada influencia y nutre buena parte de nuestro imaginario, su política exterior tiene repercusión internacional y sus empresas bélicas son la Historia del día de mañana. El conflicto palestino-israelí hace más de medio siglo que dura y tiene unas características únicas: una democracia-liberal occidentalizada de mayoría judía en Tierra Santa rodeada de países árabes hostiles y varios millones de refugiados palestinos resentidos y amenazantes. Lo que acontece en ese enclave tan sui generis (pero con implicaciones que lo trascienden) nos llama la atención a muchos.
- Relacionado con el punto anterior, los conflictos que despiertan este interés son los que ocupan los titulares de los periódicos y la cabecera de los telediarios. Y a la gente le gusta debatir y tener una opinión sobre la actualidad, sobre las noticias que también son noticias para los demás y sobre las que se puede establecer una conversación y una discusión. Esto es especialmente cierto cuando lo que queremos es transmitir un mensaje que escuchen los demás o intentar persuadirles sobre determinadas posiciones morales o principios de justicia. Si aplicamos estos principios a casos que no son de actualidad o no son relevantes para los demás, difícilmente entablaremos un debate o llegaremos a persuadir a nadie.
- Paralelamente, hay causas que no necesitan ser defendidas porque no hay virtualmente nadie que argumente en contra de ellas. Postear una crítica del genocidio de Darfur es trivial porque no hay nadie que lo apoye. La incursión de Israel en Gaza o la Guerra de Iraq, no obstante, si ha contado con numerosos seguidores en los círculos que frecuentamos, lo que nos empuja al debate. Más concretamente, si estas acciones son defendidas desde posiciones liberales y no reciben respuesta de ningún liberal, la percepción por parte de otros liberales y no-liberales es que esa es la "posición oficial" del liberalismo y no existe siquiera disidencia.
- A veces tenemos un vínculo especial con determinados pueblos o naciones, por motivos culturales, ideológicos etc. En mi caso me siento especialmente vinculado a Estados Unidos y me interesan las noticias que acontecen en ese país. Otros se identifican con Israel porque comparte nuestra cultura socio-política y lleva a cabo una heroica lucha por su supervivencia contra lo que muchos consideran que es la amenaza de nuestro tiempo: el fundamentalismo islámico. A estos países a menudo los juzgamos atendiendo a estándares morales más altos, porque su estatura moral nos importa. Aquí es también donde entran los sesgos: el anti-americanismo, el anti-semitismo etc. también son producto de nuestra ideología o predisposiciones culturales, y puede tener un efecto en el interés que tenemos por defender a determinados grupos y no a otros.
Los 4 puntos juegan un papel en mi motivación para escribir sobre el conflicto palestino-israelí, la guerra de Iraq y la muerte de civiles en ambos contextos. En relación con el cuarto punto, no creo estar afectado por ningún sesgo anti-americano (antes al contrario) ni anti-semita o anti-israelí (admiro varios aspectos de la sociedad israelí), pero admito que hay gente que sostiene la misma posición que yo y está movida por razones menos nobles. Quizás por eso no me atrae la idea de sumarme a las manifestaciones en las que ellos participan.
Por supuesto el sesgo pro-israelí, anti-musulmán o pro-americano también existe, y si unos somos hipócritas por hablar de los civiles palestinos sin mencionar a los civiles sudaneses, los otros también lo son por clamar injusticia ante la muerte de civiles israelíes a manos de Hamas y mostrar su apoyo a Israel concentrándose frente a su embajada sin indignarse por la injusticia de Darfur ni protestar ante la embajada sudanesa. Estoy convencido de que en su defensa alegarían alguna combinación de los puntos anteriores.
En mi opinón, hay sesgos en los dos lados, pero el hecho de discriminar entre conflictos y valorar las noticias por su contexto e implicaciones además de su contenido, no es hipócrita ni sesgado per se.





