Me alegraría que ganara el Oscar. Por la energía que transmite pese a la dureza de la realidad que muestra. Por el carisma del personaje, luchador y enamorado desde niño. Por el retrato que hace de Bombay y la India, el caos, la miseria, el progreso, la muchedumbre, las oportunidades y la fragilidad de la vida en un país que está saliendo del hoyo a trompicones. Por el montaje y la historia, sencilla pero sin pretensiones, por esa mirada distinta y fresca a un rincón del mundo que no conocemos y es bastante más grande que el nuestro.
Slumdog Millonaire explica la odisea del joven Jamal Malik, un chico que viniendo de los arrabales de Bombay acaba en la versión india del programa "¿Quieres ser millonario?", uno de los más populares del país. La policía se lo lleva para interrogarle cuando Jamal está en la última ronda de preguntas, sospechando que está haciendo trampas. Es durante el interrogatorio que Jamal explica cómo y por qué ha llegado hasta allí. No son los 20.000 millones de rupias del premio, sino el amor de su vida: Latika.
La película está dirigida por el británico Danny Boyle (Trainspotting, 28 días después) y firma el guión Simon Beaufoy (Full Monty). Jamal es interpretado por Dev Patel, un actor inglés de 18 años de ascendencia india que no había pisado Bombay hasta el rodaje. Pero los chiquillos que hacen de Jamal, Salim y Latika cuando son pequeños son oriundos del arrabal de Bombay. Boyle los escogió y su paga es un fondo que les será traspasado a los 16 años cuando acaben la escuela. La productora ha contratado a uno de esos cochecitos andantes para que les lleve al colegio cada día.
Dev Patel, el actor protagonista, se ha vuelto bastante famoso y se lo está pasando en grande. Hace un par de días fue entrevistado por John Stewart en el Daily Show. Parece de lo más espabilado. Incluyo el fragmento de la entrevista debajo.
Actualizado: Álvaro Vargas Llosa sobre la película:
No se me ocurre una película más oportuna para los residentes de Mumbai, traumatizados por los recientes atentados terroristas, que esta.
El modo de rendir homenaje a Mumbai, una ciudad con un pie en el Tercer Mundo y otro en el Primero, no es disimular o glorificar su pobreza, ni denunciar la globalización. El modo de exponer la crueldad y la explotación —esas viejas instituciones humanas demasiado vigentes en cualquier país donde el Estado de Derecho es débil— no es crear estereotipos platónicos. La forma de hacerlo es contar una historia con honradez y hacerlo bien.
Las telenovelas latinoamericanas y los viejos melodramas indios tienen muchas cosas en común. Una es su fascinación con el victimismo y su idea redistributiva de la riqueza: los héroes están siempre intentando recuperar lo que alguien les ha quitado. En cambio, el héroe de “Slumdog Millionaire” nunca se queja, jamás sugiere que los demás le deben algo, nunca envidia lo que ve. Y su determinación de seguir adelante, una y otra vez, no conoce límite. Cada pequeña victoria—así como el premio final, que no es el dinero—resulta del ingenio que se crece ante cada oportunidad.
(gracias A. Chena)





