En la carta abierta de Antonio Robles a Zapatero sobre las lenguas propias me ha llamado la atención el caso de la rebelión de las madres de Salou en 1993 y la figura del "tutor linguístico". Desconocía aquél suceso y la existencia de esta trampa formal para esquivar la Ley de Política Lingüística que teóricamente impide a la Generalitat imponer la inmersión lingüística a todos los ciudadanos.
El reglamento del Departamento de Enseñanza que crea la figura del "tutor lingüístico" para eludir el artículo 21.2 de la Ley de Política Lingüística de 1988, que impide generalizar la inmersión, no es sino el remozo de la trampa de la "atención individualizada" que se sacó de la manga el Gobierno de CiU en 1993, cuando ejercía de Conseller Josep Maria Pujals, para contrarrestar la rebelión de las madres de Salou organizadas en Cadeca, que por entonces lograron hacer visible la imposibilidad de poder estudiar en castellano en Cataluña. ¿En qué consistía? Así lo explicaba El País el 26 de octubre de 1993: "El profesor podrá, llegado el caso, explicar la lección en catalán, pero atender en castellano el trabajo individual del alumno que lo requiera".
Es la respuesta que la Generalitat da a las 293 madres que solicitaron enseñanza en castellano para sus hijos a finales de octubre de ese mismo año 93. Antes, el consejero Pujals había cursado una orden a las direcciones de los centros para que los directores hablaran y convencieran a las madres de las virtudes de la inmersión y les dieran, si no hubiera otro remedio, la salida de la "atención individualizada". En ese caso, además, la habrían de solicitar. Se trataba de disuadir a las madres. Las denuncias de coacción fueron generalizadas, la medida de la Consejería trataba de crear dificultades, incomodar a los padres, desanimarlos y convencerlos de que si no aceptaban la inmersión, sus hijos iban a ser ciudadanos de segunda el día de mañana.
No fue posible engañarlas: sólo convencieron a 13 de las 293 demandantes. Pero sirvió para que la propaganda del régimen utilizara ese número de solicitudes de "atención individualizada" para demostrar que en Cataluña no había ningún problema y que los padres estaban encantados con la enseñanza sólo en catalán. La verdad era bien distinta.
Al año siguiente ni siquiera 13 solicitaron "atención individualizada", sino prácticamente la mitad. Ningún padre estaba dispuesto a convertir a sus hijos en el centro de atención de un sistema que los individualizaba y cuyos profesores no tenían escrúpulos en señalar como raros. Estaban dispuestos a luchar, pero no a que ridiculizaran a sus hijos. (...)
En 2008-2009, fuentes del Departamento de Enseñanza que dirige el socialista Ernest Maragall dicen, a propósito de la referida sentencia del TS, que sólo 20 padres han solicitado estudiar en castellano, y que sus hijos tienen garantizado un "tutor lingüístico" que les acompañará durante el tiempo necesario para que puedan seguir las clases en catalán. El cinismo es infinito. En una comunidad donde el 53% tiene por lengua materna el castellano nos quieren hacer creer que sólo 20 padres han solicitado enseñanza de castellano para sus hijos. Con la gansada esa del "tutor lingüístico" o de la "enseñanza individualizada", lo raro es que haya tantos.
Es ridículo que la Generalitat reduzca a 20 padres la demanda real en Cataluña de una educación en castellano para sus hijos. 20 es la demanda que tiene el "tutor lingüístico", no la enseñanza en castellano equiparable a la que se imparte en catalán. En La Salle Bonanova de Barcelona la mitad de los alumnos recibíamos la educación en castellano por elección de los padres, y sólo en La Salle ya éramos 80 por curso. Ahora ni siquiera la web del colegio está disponible en versión castellana.





