Geert Wilders, el polémico parlamentario holandés anti-islamista, venía a dar un discurso en la Cámara de los Lores con motivo de la proyección de su corto documental sobre el Corán y el peligro islamista. Las autoridades británicas le han denegado la entrada por considerar que Wilders y sus "opiniones extremistas" suponen una amenaza para la seguridad pública. En Holanda sus declaraciones anti-islamistas le han llevado a los tribunales, acusado de "incitar al odio racial".
Wilders tiene derecho a criticar el islamismo con tanta dureza como quiera, y si alguien se siente ofendido tiene derecho a no escucharle o a contestarle, pero no a cerrarle la boca con mordazas judiciales. A esto último se le llama censura, da igual que la excusa sea la "paz social" o el "respeto por las minorías". La culpa de que la paz social "necesite" de la censura no es tanto de quienes hacen discursos políticamente incorrectos como de los bárbaros que están dispuestos a hacer una guerra social por un simple discurso.
Que Wilders tenga derecho a criticar y a despreciar el Islam no significa que lo que dice no sea inapropiado, contra-producente o erróneo. En Desde el Exilio enlazan con el discurso que Wilders hubiera pronunciado en la Cámara de los Lores, en la misma línea que el destacado anti-islamista Robert Spencer y criticable por las mismas razones.
Pero frente al (merecido) apoyo que Wilders está teniendo entre los liberales voy a dar la nota disonante diciendo que hay una sombra de "justicia poética" en el hecho de que las autoridades le hayan denegado la entrada al Reino Unido. Wilders se considera liberal y es coherente con estos principios en varios de sus posicionamientos. Pero en lo que respecta al tema de la inmigración en particular, Wilders es un ferviente partidario de restringirla. Quiere detener la inmigración musulmana y reducir el número de refugiados y asilados políticos. Sus razones para detener la inmigración musulmana son la preservación de la cultura y la identidad holandesas, un argumento que deja bastante frío a alguien que, como yo, pone los derechos individuales de las personas (entre ellos el derecho a desplazarse por el mundo) por encima de la petrificación cultural o identitaria y que, además, es escéptico en relación al declive de los valores de "la civilización Occidental".
A la hora de justificar la coacción para impedir la entrada de una persona en un país la seguridad pública es una razón tan buena o tan mala, pero igualmente anti-liberal, como la defensa de la cultura e identidad propia. Me da igual que la persona se llame Mohamed y venga de Jordania o se llame Geert y venga de Holanda. Ambos tienen derecho a entrar en el país sin ser molestados, porque su desplazamiento no viola per se la propiedad ni la libertad de nadie. Pero por lo visto Wilders no cree que los mulsulmanes tengan ese derecho. El parlamentario holandés asegura que él no odia a los musulmanes sino el Islam, pero desde el momento en que el odio a lo segundo se traduce en coacción para todos los musulmanes (en forma de barreras al libre desplazamiento), cuesta ver la diferencia que tan bien sabe explicar sobre el papel. Lo que sí veo es cierta equivalencia entre las protestas de un socialista cuando le hacen pagar una buena tajada de impuestos, y las protestas de Wilders ahora que el Gobierno inglés le ha denegado un derecho que él quiere negar a otras personas.





