Robert Higgs, economista especializado en la doctrina del shock estatista (cómo el Estado aprovecha las crisis para acaparar más poder), opina que el modelo político que nos espera no es el socialismo ni la dictadura, sino lo que él llama "fascismo participativo". A pesar de las connotaciones del término, su descripción y las razones que aporta para sustentar su tesis se asemejan notablemente a mi opinión de que el Estado del Bienestar democrático es sostenible (lo que no es nada bueno), y que una versión un poco más dura del mismo es lo que probablemente nos espera en el futuro próximo.
Recordemos, primero, que los lectores de este blog en su mayoría no compartís esta opinión. El resultado de la encuesta sobre catastrofismo liberal fue el siguiente:
En mi artículo en LD sobre el catastrofismo liberal decía sobre el Estado del Bienestar:
Es cierto que el tamaño del Estado ha crecido mucho en el último siglo, pero lleva varias décadas medio estancado por debajo del 50% del PIB. La razón es que desde la perspectiva de quienes gobiernan y se nutren del Estado, el intervencionismo tiene rendimientos decrecientes a partir de cierto punto. El mejor Estado no es el que más poder tiene, sino el que maximiza la renta y el status de sus burócratas y cooperantes. Un gravamen del 40% sobre la renta genera más ingresos que un gravamen del 95%, que por ser tan alto desincentiva casi totalmente la creación de riqueza. Regulando la economía, el Gobierno puede ejercer poder y al mismo tiempo alardear de haber fomentado el progreso. Si nacionaliza la economía entera no hay progreso del que reclamar autoría y el poder que toca ejercer (mucho más feo) es el de la guillotina para contener a las masas furiosas.
Los intervencionistas de ahora, más pragmáticos que los de antes, han aprendido que no hay que matar a la gallina de los huevos de oro.
En esta entrada señalaba sobre la democracia, en respuesta a un comentario de Elentir:
Lo que para Elentir son síntomas de una dictadura en camino para mí son un reflejo de que una democracia sólida también puede albergar conflictos en su seno. Muchas democracias tienen problemas internos igual o más severos y no han degenerado en dictadura. Las tensiones actuales son triviales en comparación con las tensiones vividas durante la Segunda República o la República del Weimar y que condujeron a dictaduras. Pero, sobre todo, una dictadura no parece sostenible hoy en día porque como sistema político no tiene virtualmente ningún seguidor. La gente está imbuida de democratismo, y no parece que sea una moda pasajera. En tiempos de la II República o de la República del Weimar no había fe en la democracia. Incluso la mayor parte de quienes protagonizan estas tensiones, aunque sus actitudes sean "fascistoides" como señala Elentir, no cuestionan la democracia como sistema político ni proponen "superarla" con un modelo alternativo.
Y ahora que hable Higgs (énfasis mío):
Truth is, socialism is not the wave of the future. Indeed, it is already almost as dead as the dodo. Hardly anybody in a position of political power or influence now wants to establish socialism along the lines of the Soviets or the Maoists. Everyone knows that doing so is a one-way ticket to widespread poverty, which leaves precious little surplus for the political kingpins to rip off.
No, the world is converging ever more visibly, not toward socialism, but toward what I (following Charlotte Twight’s usage) have for many years been calling participatory fascism. The hallmarks of this system are, on the political side, the trappings of democracy (parties, elections, procedural niceties, etc.), and, on the economic side, the form of private property rights (though not much of the substance that characterizes the real thing).
The beauty of this system is that the political system can easily be corrupted so that the power elite retains a firm hold on the state, despite the appearance that they rule only with the consent of the governed. The major political parties appear to compete, but for the most part they coalesce and conspire; on the basics, they are in complete agreement. The apparent “consent” they enjoy they actually manufacture by their control of the mass media, the schools and universities, and other key institutions, and no political opinion outside the 40-yard lines ever receives a hearing in serious political circles. (...)
And while the ruling establishment retains an iron grip on state power, it allow entrepreneurs just enough room for maneuver so that innovators can continue to produce the new products, new methods of production, new raw materials, and new organizational forms that move the economy forward. The most enterprising entrepreneurs can still get rich, although even they will see a large chunk of the fruits of their labors ripped away by the state. The economy will improve its productivity sufficiently to keep a growing supply of creature comforts and amusements flowing to the masses, who are content with these things, along with the illusion of security that state functionaries induce in the people.
Y en los comentarios continúa:
Participatory fascism, however, has covered the two major sources of possible failure: popular disaffection on the part of a public excluded from desired political participation (mainly, just voting), and economic decay caused by the rigidities of central planning. It may still fail, of course, because of bases it has not covered -- the inherent imbecility, for example, of retaining central planning for the monetary system. Stay tuned.





