En mi último artículo para el Instituto Juan de Mariana, Entre el martirio y el oportunismo, reflexiono en torno a la moralidad de beneficiarse o trabajar para el Estado, y si ello demuestra hipocresía por parte de alguien que se declara liberal.
Vivimos en un mundo donde el Estado es omnipresente e interviene en casi todas las facetas de nuestra existencia. Si queremos evitar cualquier contacto con el Estado o participación en sus políticas debemos prepararnos para el martirio o la vida de ermitaño.
Para aquellos de nosotros que tenemos principios liberales y queremos llevar una vida moral, acorde con esos principios, la cuestión de cómo actuar en un mundo dominado por el Estado es importante. ¿Es moral aceptar subvenciones o pagar impuestos religiosamente si estos financian un sistema injusto? ¿Es moral hacer uso de la sanidad pública o trabajar para el Estado? ¿Es moral formar parte del Gobierno o hacer campaña para conseguir favores públicos?
El tema es complejo, no creo que haya una respuesta tajante y simple a la pregunta "¿es hipócrita el funcionario liberal?". Creo que depende, de sus razones y de sus circunstancias. Yo no podría ser funcionario, pero también es verdad que no tengo vocación por ninguna profesión monopolizada por el Estado.
He estado hablando de este tema durante la semana. La encuesta del lateral también se enmarca en este debate.
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