En mi entrada anterior sobre la ofensiva israelí dije que no tenía una posición firme sobre el tema. Parece que los lectores lo teníais más claro y en la encuesta del lateral os habéis decantado mayoritariamente por la primera respuesta: favorables a la ofensiva. Después de seguir las noticias sobre la escalada del conflicto esta semana y el recuento de víctimas, puedo decir que hoy votaría la tercera respuesta: en contra de la ofensiva.
En esencia me opongo por las mismas razones por las que me opuse a la incursión israelí en el Líbano hace tres años (aquí y aquí), a saber, la muerte de civiles en proporciones atroces, las consecuencias imprevistas y no deseadas que derivan de intervenciones a gran escala, y el auge del radicalismo islámico y de su apoyo como resultado de una ofensiva que, por mucho que Israel la considere "defensiva", es percibida por todo el mundo árabe como "agresiva" e "injustificada", y la percepción es lo único que cuenta a la hora de forjar opinión.
Estoy más de acuerdo que en desacuerdo con este párrafo de Escolar:
El filósofo francés prosionista André Gluksmann defiende la invasión de Gaza en un artículo publicado por El País y se pregunta, desde el titular, ¿qué significa “desproporcionada”? Se me ocurren varias respuestas. Es desproporcionado que un estado supuestamente democrático ajusticie, sin juicio previo, a todo aquel sospechoso de pertenecer a Hamás mientras arrasa la franja; tanques contra piedras. Es desproporcionado bloquear durante meses y meses a más de un millón y medio de personas en un pequeño espacio de tierra, la mayor cárcel de la historia. Es también desproporcionado matar a más 500 personas en once días -y sumando- como respuesta a cuatro muertos por parte de los rudimentarios cohetes de Hamás en todo un año. Desproporcionado sería también, por ejemplo, que el ejército español bombardease los ayuntamientos gobernados por ANV en Euskadi como respuesta, como castigo, al terrorismo etarra. En España hemos tenido muchos años con más de ocho asesinatos de ETA, así que tenemos excusa de sobra para que la comunidad internacional mire hacia otro lado.
Si "responder de forma desproporcionada" significa utilizar tu superioridad técnica para defenderte, con la consecuencia de que los atacantes son abatidos por decenas y tú solo sufres rasguños, no tengo nada en contra. El derecho a la autodefensa no es un derecho a "defenderse con los mismos medios que el agresor", la víctima tiene derecho a utilizar los más avanzadas medios para detener esa agresión.
La respuesta es desproporcional cuando la represalia causa más daño en el agresor del que intenta evitar, pero en el caso de un agresor que intenta matarnos o emplea medios que pueden causarnos la muerte si nos resistimos, no es desproporcional "adelantarse" y evitar la agresión matándolo primero (incluso si no está claro cuáles son sus intenciones, la víctima no tiene por qué cargar con el coste de la incertidumbre).
Pero la desproporcionalidad también puede significar, en el ámbito de la guerra, causar más daño (en general) del que intenta evitarse (en general). Y estos números (actualizado III) corroboran que la ofensiva es desproporcional en este sentido. Hay dos maneras de enfrentarse a esta conclusión: o bien se afirma que las vidas de los palestinos valen menos que las de los israelíes (desde un punto de vista ético, no desde el punto de vista pragmático y lógicamente sesgado del Gobierno israelí; más sobre este punto en una futura entrada), o bien se argumenta que si tenemos en cuenta el largo plazo (las víctimas que esta ofensiva está evitando en el futuro) el balance no es desproporcional. Este último argumento es difícilmente demostrable pues juega con el contra-fáctico (¿cuántos muertos habría habido en el largo plazo si la ofensiva no hubiera tenido lugar?), pero intuitivamente me parece fantasioso pensar que la creciente hostilidad hacia Israel y el radicalismo islámico, espoleado por la guerra, va a traer más paz y menos muertos.
En relación con la ofensiva del Líbano y la "desproporcionalidad" el neoconservador Charles Krauthammer apuntó:
¿Desproporcionada [la repuesta de Israel]? No. Cuando uno es atacado gratuitamente por un agresor, tiene pleno derecho – legal y moral – a combatirlo hasta que el agresor quede desarmado y sea incapaz de volver a amenazar su seguridad. Esto es lo que sucedió con Japón.
La respuesta de Justin Raimondo a Krauthammer es muy pertinente a la luz de los acontecimientos recientes. Traduzco el fragmento relevante:
Supongamos que “secuestro” tu cartera en un autobús lleno de gente, y me voy a la parte de atrás para no llamar tu atención. En tu búsqueda empiezas a empujar a varias ancianas, tiras al suelo a una mujer con un niño y pisoteas a unos cuantos jóvenes y niños. No sólo eso, también empiezas a disparar – hiriendo a cinco o seis personas sin siquiera darme a mí. De acuerdo con la doctrina moral de Krauthammer, estás perfectamente en tu derecho al actuar de ese modo. Al fin y al cabo, me estoy “escondiendo entre civiles” (...) Además, estos “civiles”, que saben perfectamente que yo te he robado la cartera (...), no han hecho nada para detenerme. Me han dejado pasar, ¿acaso no es ésta una forma de colaboración? Como ha señalado el Ministro de “Justicia” israelí Haim Ramon: “Israel ha dado a los civiles del sur del Líbano tiempo suficiente para que se marchen de esa área, por lo tanto todo el que permanezca en ella será considerado un colaborador de Hezbollah”. Así, no hay “civiles inocentes” en la parte de atrás del bus (...). Al final me encierro en el baño. (...) Por supuesto, tienes perfecto derecho a retener a los pasajeros como rehenes si hace falta: después de todo, “debes combatir hasta que el agresor sea desarmado y sea incapaz de volver a amenazar su seguridad”. De acuerdo con la lógica de Krauthammer, tienes derecho a volar por los aires el autobús y a sus pasajeros con tal que la amenaza a tu seguridad, esto es, yo, sea eliminado, lo cual es precisamente lo que Israel están haciendo en el Líbano. ¿Desproporcionada? Si los individuos se comportaran como lo hace Israel en el Líbano, serían procesados y encarcelados para proteger al público.
También en el contexto de la guerra en el Líbano Osamah Khlail describía cómo las victorias militares israelíes habían traído consecuencias imprevistas y en última instancia perjudiciales para Israel: Después de la victoria de 1967 Nasser es sustuido por Arafat y su grupo Fatah como movimiento representativo del nacionalismo árabe y la cuestión palestina vuelve a cobrar protagonismo en el conflicto árabe-israelí. Fatah toma la OLP y la transforma en un robusto movimiento de liberación nacional con apoyos internacionales. En 1982 el Estado de Israel invade y ocupa el sur del Líbano para acabar con la OLP. Emerge Hezbollah. Los palestinos en Gaza y Cisjordania lanzan su primera intifada contra la ocupación militar. El gobierno israelí ataca a los afiliados de la OLP mientras facilita la actuación de organizaciones religiosas para restar peso a la de Arafat. Emerge Hamas.





