Eulàlia Solé escribía hace poco en La Vanguardia un artículo (requiere suscripción) que corrobora mi opinión de que la defensa de la "inmersión lingüística" en Cataluña se hace (generalmente) en base a argumentos proteccionistas.
Antes de acabar el año 2008, el Consejo de Europa hizo público un informe sobre la situación lingüística en España respecto de las comunidades autónomas con más de una lengua. Después de elogiar el modelo de inmersión lingüística, el documento precisa que es insuficiente el nivel de protección asegurado a las lenguas cooficiales. ¿Servirá semejante dictamen, procedente de un organismo supraestatal, para acallar en el 2009 a los que arremeten contra Catalunya y su lengua? Debería servir, si se obrara con buena intención.
De hecho, el informe europeo no era indispensable para desenmascarar ciertas falacias, puesto que diversos y veraces estudios avalan académicamente lo que cualquier ciudadano que observe Catalunya de modo imparcial puede comprobar: presencia muy mayoritaria del castellano en los medios escritos y audiovisuales, en la justicia, el supermercado, la peluquería, el restaurante o lo que se les ocurra. Pero sí, además de lo perceptible a simple vista, existen encuestas sobre los usos lingüísticos en Catalunya que demuestran que el catalán ha dejado de ser el idioma hegemónico. Sólo un 48% de la población considera el catalán su lengua de identificación, y en el hogar es utilizada tan sólo en el 45% de los casos estudiados.





