A propósito de la película La Ola Elentir escribe una interesante reflexión sobre la posibilidad de que España se convierta en una dictadura totalitaria en un futuro no tan lejano.
Constantemente os estoy trayendo noticias de cómo crece en mi tierra una ideología que toma a Galicia y a la lengua gallega como objetos de veneración y herramientas para someter al individuo. Muchos gallegos castellanohablantes son empujados a usar el gallego bajo la amenaza de la discriminación. Y también os he contado aquí las amenazas y las agresiones nacionalistas contra los discrepantes, a los que tachan de “antigallegos” o “enemigos del gallego”, al más puro estilo fascista, y a los que coaccionan para que no ejerzan su libertad de expresión y de manifestación.
Claro que es posible otra dictadura en España. Es más: en algunas zonas y en algunos asuntos llevamos años descendiendo peldaños en las escaleras del autoritarismo. Merece la pena pensar en ello, porque una democracia no es algo que desaparece de la noche a la mañana. Entre una democracia y una dictadura hay toda una escala de grises en la que nos jugamos nuestra libertad.
No me atrevo a decir que es imposible que vuelva a haber una dictadura (la historia da muchas vueltas), pero me parece muy poco probable. El tema enlaza con mi artículo sobre el catastrofismo liberal. Lo que para Elentir son síntomas de una dictadura en camino para mí son un reflejo de que una democracia sólida también puede albergar conflictos en su seno. Muchas democracias tienen problemas internos igual o más severos y no han degenerado en dictadura. Las tensiones actuales son triviales en comparación con las tensiones vividas durante la Segunda República o la República del Weimar y que condujeron a dictaduras. Pero, sobre todo, una dictadura no parece sostenible hoy en día porque como sistema político no tiene virtualmente ningún seguidor. La gente está imbuida de democratismo, y no parece que sea una moda pasajera. En tiempos de la II República o de la República del Weimar no había fe en la democracia. Incluso la mayor parte de quienes protagonizan estas tensiones, aunque sus actitudes sean "fascistoides" como señala Elentir, no cuestionan la democracia como sistema político ni proponen "superarla" con un modelo alternativo.
La película no la he visto y me ha llamado la atención, así que la incluyo en la lista de espera.
¿Qué opináis vosotros? ¿Es Elentir un poco catastrofista o soy yo demasiado ingenuo?





