En mi último artículo en Libertad Digital hablo del catastrofismo de algunos liberales y de la sostenibilidad del Estado del Bienestar. Empieza así:
Dijo la célebre pensadora y novelista Ayn Rand que la diferencia entre el Estado del Bienestar y el Estado totalitario es sólo una cuestión de tiempo. Friedrich Hayek describía en Camino de Servidumbre, su obra más popular, cómo un Estado social-demócrata conducía casi inexorablemente al socialismo totalitario al embarcarse en un espiral intervencionista. Tanto Rand como Hayek se equivocaron: el Estado del Bienestar es sostenible y no está claro que avancemos hacia una sociedad considerablemente más represiva. Los tiempos de la tiranía evidente han quedado atrás y ahora nos enfrentamos a un enemigo menos liberticida pero mejor camuflado y a la postre más difícil de combatir.
Escuchando las opiniones de algunos liberales, cualquiera diría que estamos a dos pasos del Gulag o del Apocalipsis. Hace poco asistía a una jornada de conferencias liberales en Londres y conversando con unos compañeros belgas, inteligentes y leídos todos, me di cuenta de que era el único del grupo que no pensaba que estábamos al borde del totalitarismo. Parecían creer a pies juntillas que la Unión Europea degeneraría en una nueva URSS en cuestión de pocas décadas, el Reino Unido caería bajo el yugo de un socialismo rancio y de oídas decían que la España de ZP acabaría convirtiéndose en poco menos que una dictadura. Es normal que luego la gente que no está ideológicamente comprometida escuche con incredulidad estas opiniones catastrofistas y concluya que los liberales vivimos en un mundo distinto al suyo.





