En mi artículo de esta semana en el Instituto Juan de Mariana hablo de Somalia y el anarcocapitalismo.
Somalia no tiene un Gobierno nacional formal desde 1991. Tras la caída del dictador socialista Siad Barre las facciones rivales se enzarzaron en una guerra civil, varias zonas pasaron a ser regiones autónomas sin reconocimiento internacional y otras, como la capital Mogadiscio, fueron subdivididas y controladas informalmente por "señores de la guerra". La soberanía de Somalia es reclamada por el Gobierno Federal de Transición, formado por una variopinta coalición de señores de la guerra y líderes tribales. Este Gobierno no tiene ninguna autoridad sobre la mayoría del país y no ha sido capaz de recaudar impuestos todavía.
Somalia es reivindicado como ejemplo tanto por algunos anarco-capitalistas como por sus críticos. Para los primeros Somalia es una prueba de que el anarco-capitalismo es viable mientras que para los segundos demuestra que tiene resultados tercermundistas. Hay una tercera posibilidad y es que Somalia no sea un retrato fiel de una sociedad anarco-capitalista y no sirva como ejemplo a ninguno de los dos.





