El exitoso libro del congresista republicano Ron Paul, The Revolution: A Manifesto, es una amena introducción al liberalismo, aunque está escrita en clave bastante americana. Está orientada sobre todo a conservatives con inclinaciones liberales, aunque también apela a los izquierdistas anti-guerra que están ideológicamente menos comprometidos con las políticas de Estado-grande y paternalista.
El libro no gira en torno a las vivencias de Paul o su carrera política sino a sus principios. Quizás esto es lo que se echa de menos, al convertirlo en una introducción más o menos convencional al liberalismo. Por otro lado, el libro hace honor a la intención del congresista de que la famosa rEVOLution que generó su campaña por la presidencia trascienda su figura. No está claro que Paul escribiera de su puño y letra este libro en su integridad, pero en cualquier caso refleja su pensamiento y está en sintonía con su tono y todos sus discursos.
La parte más interesante, y la que supone un mayor desafío intelectual para sus lectores de derecha republicanos, es el capítulo sobre política exterior. En este apartado pueden leerse opiniones expresadas ante la prensa como éstas:
Somalia started off as a humanitarian mission and changed into a nation-building mission. And that's where the mission went wrong. The mission was changed. And as a result, our nation paid a price. And so I don't think our troops ought to be used for what's called 'nation building'. I think what we need to do i to convince people who live in the lands to build the nations. Maybe I'm missing something here - we're going to have king of a 'nation-building corps' from America? (...)
If we're an arrogant national, they'll resent us. If we're a humble nation, but strong, they'll welcome us. Our nation stands alone right now in the world in terms of power, and that's why we've got to be humbe.
Lo que destaca de estas declaraciones públicas es que no fueron pronunciadas por Paul sino por George Bush en un debate con Al Gore en la carrera por la Presidencia. Paul las cita hábilmente para corroborar sus argumentos y sostener que Bush iba por el buen camino antes de ser Presidente. El mismo camino que habían marcado los padres fundadores y que Paul sintetiza aludiendo a figuras como Quincy Adams o George Washington y a iconos conservadores como Russell Kirk, Felix Morley, Robert Nisbet o Richard Weaver.
La discusión sobre la amenaza terrorista es menos estridente que en algunos de sus discursos y está bien hilvanada. Paul enfatiza que el hecho de preguntarse si la política exterior intervencionista de Estados Unidos promueve el terrorismo no equivale a buscar excusas para legitimar los atentados ni responsabilizar moralmente al Gobierno de esos atentados. Se trata simplemente de estudiar las consecuencias de una determinada política, lo mismo que los detectivas investigan las causas y motivos que hay detrás de un crimen.
[O]nly a fool would place the moral responsibility for terrorism on anyone other than the terrorists themselves. The question we are asking is less doltish and more serious: given that hyperinterventionist foreign policy is very likely to lead to this kind of blowback, are we still sure we want such a foreign policy? Is it really worth it to us? The main focus of our criticism, in other words, is that our government's foreign policy has put the American people in greater danger and made us more vulnerable to attack that we would otherwise have been. This is the issue that we and others want to raise before the American people.
La tesis de Paul y la de otros liberales y conservadores anti-intervencionistas es que el intrusismo y la presencia del ejército americano en Oriente Medio desde hace décadas genera hostilidad entre los islamistas, espolea actitudes radicales y facilita el reclutamiento por parte de los grupos terroristas. Paul cita a Robert Pape y su libro Dying to Win: The Strategic Logic of Suicide Terrorism
para explicar que el factor religioso es menos importante de lo que sugieren algunos a la hora de explicar el fenómeno del terrorismo suicida. El grupo que más practica esta clase de terrorismo son los Tigres Tamiles de Sri Lanka, marxistas seculares. En Iraq no se había registrado terrorismo suicida hasta que empezó la ocupación americana. Señala Paul:
To be sure, there will always be those who wish us ill regardless of the foreign policy we adopt. But those who would recruit large numbers of their coreligionists to carry out violence against Americans find their task very difficult when they cannot point to some tangible issue that will motivate people to do so.
En una segunda entrada comentaré otros capítulos relevantes del libro.





