Lo que durante el año es un distrito de oficinas bullicioso (en concreto el área de Barbican), repleto de puestos de comida rápida, lleno de vida y a la vez estresante, es estos días una zona desierta. Incluso cuesta encontrar algún sitio abierto para comprarse el almuerzo. Me gusta trabajar en vísperas de Navidad y Fin de Año porque es una experiencia relajada y contrasta con la dinámica habitual. Puedes sentarte en el metro, te dejan salir antes del trabajo, y se respira tranquilidad y silencio en la oficina.





