Yo ya lo he asumido, y eso que después de Casino Royale esperaba un retorno (¿progresivo?) a los cánones tradicionales. Pero han aprovechado la digresión de su primera misión para cambiárnoslo. Han convertido la excepción en regla, y ahora nos toca apechugar con un Bond al que no estamos acostumbrados.
En algunos aspectos sigue siendo el mismo (es un tipo duro, tiene estilo, le sienta bien el traje, suelta frases graciosas, le gustan las chicas y el Martini) pero en otros es "más humano" (siente odio, ama, respeta, aprecia, rectifica, aprende). En la arena incluso sufre y sangra de verdad. A mí el giro me gusta, no porque lo prefiera "humano", sino porque es distinto e introduce nuevas posibilidades. Una personalidad con matices da más juego, sobre todo si constantemente la ponemos en relación con la de aquél héroe sin debilidades que un día fue.
La historia es mediocre, los títulos de crédito son sorprendentemente penosos, y el villano podría ser un subalterno de Goldfinger. Pero el personaje humanizado, sus diálogos, algunas escenas de acción, y la chica Bond, que esta vez (¿por primera vez?) no es una chica florero, hacen que la película sea digna. Hay dos cosas, sin embargo, que ni siquiera los que abrazamos el cambio podemos perdonar: que no aparezca Q, y que el tema de James Bond no se escuche ni una sola vez durante la película.
Santiago Navajas no ha asumido el cambio. Dice que la película es malísima y que cualquier tiempo pasado fue mejor. Comprendo el sentimiento, pero por su comentario sospecho que la lectura ideológica ha contribuido a hacerle menos receptivo al cambio. Si yo hubiera leído las declaraciones de Marc Foster, el director, antes de ver la película quizás hubiera sido más severo. Aún así, no me cuesta distanciarme del mensaje ideológico de una película (siempre que no sea muy descarado), o incluso interpretarlo de modo que no resulte tan conflictivo con mis ideas o mi personalidad. Quizás por eso me he sorprendido al leer que la película tiene un mensaje anti-globalizador, como me sorprendí cuando algunos calificaron Wall-E de ecologista, anti-capitalista y enemiga de la modernidad.





