Éste es el provocativo título de un reportaje de Esteban Hernández sobre el "liberalismo radical" publicado en El Confidencial. El artículo es atinado e informativo. Incluye comentarios de Huerta de Soto y míos.
Para ellos, Aznar y sus amigos de la FAES son una panda de pusilánimes, Esperanza Aguirre no tiene el valor necesario para llevar a cabo las reformas que de verdad hacen falta y Bush no es más que un militarista keynesiano. Para ellos, deberíamos vivir en un mundo en el que los impuestos estarían prohibidos, en el que se desregularía el mercado laboral, se privatizarían la sanidad, la educación y el sistema de pensiones, se suprimirían las subvenciones y los aranceles, se liberalizaría por completo el suelo, se cerrarían los Bancos Centrales y se volvería al patrón oro. (...)
Esplugas (...) señala que la imposición no suele ser buena: “La libertad también puede usarse mal, y ese es el pretexto que utilizan los paternalistas para protegernos de nosotros mismos. Pero lo que para uno es un vicio (por ejemplo, el consumo de drogas) puede que no lo sea para otro, y en cualquier caso solo si tenemos libertad para elegir y aprendemos de los errores podemos llegar a ser personas responsables. El paternalismo, como su nombre sugiere, trata a los adultos como niños y fomenta la dependencia”. (...)
Esplugas recuerda que el liberalismo y el conservadurismo se aliaron por conveniencia para defenderse de la amenaza comunista, lo que, aunque ha proporcionado algunas ventajas, “también ha tenido costes en forma de mala influencia: muchos liberales son excesivamente indulgentes con el militarismo y relegan las llamadas “libertades personales” a un segundo plano, enfatizando solo las libertades económicas. La asociación con el conservadurismo atrae a gente de ascendencia conservadora, pero al mismo tiempo aliena a los potenciales liberales de tendencia progresista”.





