Gallardón quiere prohibir que se porten carteles por las calles de Madrid anunciando actividades o locales. Según el alcalde ese trabajo degrada a la persona, y como buen paternalista pretende proteger a los ciudadanos de sí mismo, no sea que fueran a degradarse voluntariamente.
En virtud de la Ordenanza, ya no se podrán portar cartelones anunciando determinadas actividades o establecimientos, según el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, no tanto por "razones estéticas como porque ataca la dignidad de las personas"."Nos parece que obligar a alguien a soportar esos carteles y transitar por las calles ataca la dignididad de las personas. No lo prohibimos sólo por razones estéticas, sino porque el Ayuntamiento no debe promover esas conductas. Y puedo asegurar que quien será sancionado ante esta situación no será el 'hombre-anuncio', que es la persona vejada por estar sometida a ese trabajo, sino la empresa anunciadora, que es la responsable", añadió el primer edil.
Lo indigno es que el alcalde de una ciudad considere indigno que algunos de sus ciudadanos elijan desempeñar ese trabajo que no hace ningún mal a nadie, y más indigno todavía es que quiera prohibirles esa opción sin tener en cuenta que si están haciendo eso es porque sus alternativas son peores. Impedirles hacer de hombres-anuncio no va milagrosamente a mejorar sus alternativas.
Tampoco me extrañaría que detrás de esta medida no hubiera ni motivaciones paternalistas ni estéticas, sino la intención (interesada) de beneficiar a ciertas asociaciones/lobbies de espacio publicitario que ahora no tendrán que competir con los hombres-anuncio a la hora de ofertar espacio publicitario en la ciudad.
(HT: Fernando)
Actualizado: Acabo de ver que el blog de JJLL tiene un comentario en la misma línea:
Cientos de personas se ganan la vida honradamente como “hombres-anuncio”. De todas las ofertas laborales a las que tienen acceso, ésa opción es la que más les conviene y la que mejor se adapta a sus intereses. El alcalde de Madrid ha insultado gravemente a estos trabajadores, afirmando que su modo de vida es el resultado de una “vejación” y una “indignidad”.





