Hay teorías conspiratorias por doquier, y muchas son o parecen ser verosímiles. Es posible que un pequeño porcentaje de estas teorías sea cierto, por una cuestión de mera probabilidad, pero no pondría la mano en el fuego por ninguna de ellas en particular. Especialmente aquellas que atribuyen su autoría al Estado (élites y gobierno).
Las teorías conspiratorias sobre el asesinato de JFK, los extraterrestres de Roswell, los atentados del 11-S, la muerte de Lady Di... tienen su atractivo y es por eso que de ellas salen buenas películas. A mí me estimula pensar en la plausibilidad de estas conspiraciones y otras de ficción. Creo que una parte de nuestro intelecto se siente atraido por la búsqueda de un significado oculto o profundo en un suceso insólito. La casualidad, la mala suerte o la acción aislada de un simple individuo son explicaciones aburridas.
En cualquier caso soy escéptico a la hora de considerar la veracidad de una teoría conpiratoria, particularmente las que involucran al Estado. A menudo no me intereso por los detalles porque las rechazo de antemano. Algunas me parecen ridículamente divertidas. Estas son mis razones:
- Las cosas a menudo son como parecen. Quizás es aburrido que sea así, pero así es. Buscar explicaciones rocambolescas es entretenido, pero contradice el principio de la navaja de Occam.
- Las teorías conspiratorias requieren que asumamos que los invidiuos potencialmente involucrados de las altas esferas (gobierno, élites) son más malvados o más maquiavélicos que el ciudadano medio. En términos generales me parece una asunción gratuita. El gobierno está compuesto por personas ni más ni menos malvadas que el ciudadano medio (quizás un poco más deshonestas y maquiavélicas, dada la naturaleza del poder político y las "cualidades" necesarias para alcanzarlo, pero no hasta el punto requerido por una teoría conspiratoria como la del 11-S). Tendríamos que preguntarnos si nosotros (o el ciudadano medio) podríamos ser partícipes de una conspiración como la del 11-S.
- Es sospechoso que los exponentes de estas teorías sean marginales y nadie dentro de la opinión mainstream haya destapado la conspiración o aportado pruebas en ese sentido. No inspira confianza que en el contexto de un sector mediático extenso, diverso y competitivo, a una escala muy superior a la de décadas anteriores, las teorías conspiratorias permanezcan en un status de rumor. La razón no parece ser la indiferencia de los medios, pues a menudo dan cuenta de su existencia, al menos cuando surge. Pero la noticia no tiene más recorrido, a pesar de los incentivos que existen para destapar y demostrar en exclusiva una conspiración.
- Quienes creen en una teoría conspiratoria suelen creer en muchas o en todas ellas. Esto podría indicar cierta proclividad psicológica a recrearse y explorar esta clase de explicaciones. Si bien es cierto que quienes son escépticos en relación con una teoría conspiratoria también lo son con las demás, así que no sé si este punto nos lleva muy lejos.
- No es coherente sostener que el Estado es ineficiente a la hora de dispensar cualquier servicio, pero es eficiente a la hora de llevar a cabo y ocultar una conspiración de importantes proporciones. Cuesta creer que los mismos que gestionan Renfe son capaces de idear, coordinar y ejecutar a la perfección un plan mucho más complicado.
Aquí tenéis una lista breve de teorías conspiratorias, y aquí otra más exhaustiva. Aquí una página en español sobre conspiraciones.





