En mi entrada sobre la iniciativa de Gallardón de prohibir los hombres-anuncio en Madrid comentaba: "Tampoco me extrañaría que detrás de esta medida no hubiera ni motivaciones paternalistas ni estéticas, sino la intención (interesada) de beneficiar a ciertas asociaciones/lobbies de espacio publicitario que ahora no tendrán que competir con los hombres-anuncio a la hora de ofertar espacio publicitario en la ciudad."
Por lo que leo en el blog de Elentir quizás no iba tan desencaminado, solo que el beneficiario no sería un lobby privado sino el propio ayuntamiento, que al parecer es el propietario y ofertante de buena parte del espacio publicitario de la ciudad (corregidme si me equivoco). Elentir:
A finales de septiembre se supo que el Ayuntamiento de Madrid se había equivocado en su previsión sobre los soportes publicitarios callejeros: esparaban 160 millones de euros en ingresos y se quedaron en 90. Lejos de reconocer su error, el Alcalde de Madrid ha tenido otro de sus ataques de fobia hacia la libertad y ha decidido prohibir los hombres-anuncio, los vehículos publicitarios y el reparto de publicidad en las calles de la Villa y Corte.
Gallardón ha dicho que esta medida se toma porque él considera que la figura del hombre-anuncio “ataca la dignidad de la persona”. No sé en qué demonios ataca la dignidad de nadie llevar un anuncio encima, más bien me parece una excusa barata para sacar de las calles a la competencia privada. De lo contrario, no habría prohibido también la publicidad en mano y en automóviles. ¿O es que también considera que es indigno que alguien reparta publicidad en la calle o que un vehículo lleve un anuncio?
Creo que aquí el personaje más indigno de todos es Gallardón.





